El Prado eligió cuadros de El Bosco, Velázquez, Rubens y Goya, así como de otros menos conocidos, como Fracanzano y Espalter, y Rull, ello con el propósito de crear una conexión entre el arte y el espíritu olímpico.
Dicho itineario artístico comienza con el famoso «Prometeo», de Rubens, que representa el momento cuando el personaje mitológico escapa del Olimpo con la llama para entregársela a los hombres.
La exhibición concluye con la pintura «Las lanzas», de Velázquez, que muestra un gesto de magnanimidad y respeto hacia el rival derrotado.
En algunos casos, la relación entre estas dos disciplinas (arte y deporte) es evidente a través del gesto deportivo representado; por ejemplo, «La caída de Ícaro», de Jacob Peeter Gowy, se relaciona con el salto de altura, mientras, «Sansón», de Joaquín Espalter, está asociado con el lanzamiento de disco.
Otros casos presentan una relación más simbólica o poética, como en el bádminton o el triatlón, con «La reina María Luisa», de Goya, o la copia de Van Dyck del retrato de «Carlos I de Inglaterra».
La iniciativa del Museo del Prado y el Comité Olímpico Español busca inspirar a los atletas españoles con el poder y la belleza del arte, reforzando valores como el esfuerzo, la magnanimidad y el respeto hacia el rival, esenciales en la competición deportiva.
Al conectar la historia y la cultura con el deporte se pretende proporcionar a los atletas una fuente adicional de motivación y reflexión en su camino hacia las olimpíadas.
Prensa Latina