Enseñar a leer, escribir y calcular son tareas complejas y valiosas dentro del sistema educativo. Los maestros de primer grado asumen la responsabilidad de guiar a los niños en sus primeros pasos hacia el conocimiento, ayudándolos a descubrir el mundo de las letras, los números y la comunicación escrita.
Esta labor exige paciencia, dedicación y una atención personalizada, ya que cada niño aprende a un ritmo diferente y posee necesidades particulares. Por ello, el proceso de enseñanza requiere tiempo, tanto en la escuela como en el hogar, donde la práctica constante y el acompañamiento de la familia resultan importantes.
Entre cuadernos, juegos, canciones y ejercicios, estos educadores dedican horas de esfuerzo dentro y fuera del aula.
María Victoria Delgado Aimé, maestra de primer grado, precisó:
“Reincorporarme al trabajo después de varios años ha sido una experiencia muy gratificante. Aunque esta labor tiene sus retos y dificultades, también ofrece grandes satisfacciones. Con esfuerzo y dedicación hemos logrado avanzar, y lo más hermoso ha sido ver cuánto han aprendido los niños durante este tiempo.
Me siento muy contenta y orgullosa del trabajo realizado, porque cada logro de ellos es también una recompensa para quienes tenemos la responsabilidad de educarlos y acompañarlos en sus primeros pasos de aprendizaje.”
Para muchos pequeños, estos aprendizajes representan un desafío, ya que se enfrentan por primera vez a contenidos nuevos; pero gracias al esfuerzo y compromiso de sus maestros, logran desarrollar habilidades que les permitirán avanzar en su formación académica y personal.
“Ya es una labor bastante larga. Son 53 años de trabajo y me siento muy contenta y con fuerzas para seguir, que otros niños puedan aprender a leer y escribir gracias a mí.”
La labor de los docentes de primer grado, constructores de la base del conocimiento, trasciende la enseñanza de aspectos básicos: también contribuye a formar valores, fortalecer la confianza de los estudiantes y despertar en ellos curiosidades.
Bajo sus enseñanzas, se impulsan las primeras lecturas, nacen las primeras oraciones escritas con manos infantiles y se realizan los primeros cálculos que permiten comprender el entorno.

















