“Dentro de poco desinstalo el Facebook de mi celular,de todos modos para que lo necesito si tengo a mi alrededor autoparlantes repetitivos que promueven todo lo que en él ven”.
Por: Maynielis Martínez Fernández, estudiante de Periodismo
Creo que la frase retumba en mi mente desde hace tiempo,aunque no sé aún que me limita,si la ausencia de internet estable o el constante cambio de teléfono al que me sometí hace algunas semanas. Consumo con frecuencia plataformas como WhatsApp y YouTube,costumbre que disminuyó desde que la situación electroenergética en el país agravó. Ahora más bien lucho por una conexión estable,ya que entre la plataforma universitaria Moodle,chats que archivo para no distraerme y guías de estudio que tengo pendientes el tiempo no me alcanza.
Sin embargo,esto no justifica el mal consumo de las redes sociales y el impacto negativo que tienen en la sociedad.Que las eliminen seria como no invertir en cigarros o bebidas alcohólicas,todos saben que son dañinas,pero poseen alta demanda de consumo. Lo mismo pasa con las plataformas digitales,que a pesar de los actuales precios de las tarifas de ETECSA y asociado a ello otros factores externos,son el entretenimiento de unos y el arma psicológica de otros.
Con esto no se dice que se prohíba su uso,sino más bien ser consecuentes con lo que leemos. Muchas de las batallas que se libran en la actualidad comienzan desde nuestro teléfono con informaciones falsas,noticias especuladas e incluso comentarios malinterpretados. Una expresión errónea desata en la sociedad perspectivas equivocadas y tabúes sociopolíticos que repercuten en la intelectualidad de una nación.
No es menos cierto que el acceso a noticiarios informativos es complejo,y muchas veces desde nuestro celular no tenemos como llegar a ellos,por lo que medios como Facebook y X(Twitter) asumen el mando de informantes. Sin embargo, dentro de estos existen perfiles falsos,grupos y canales que divulgan infamias con el propósito de provocar una guerra virtual y ética en la sociedad. Aquí es donde entra en juego la importancia de la verificación de fuentes,es decir,de donde extraemos la información. Para una mayor veracidad informativa,se recomiendan las páginas oficiales de los medios y organizaciones del país, así como los canales radiales.
Por otra parte,no solo existe el error de los emisores,sino también de los receptores cuando pasan a emitir. Las redes sociales son públicas,pero sobre estas camina la responsabilidad con que las usamos. No es limitarse a publicar,sino analizar lo que publicamos. La claridad de ideas y contenido evita segundas interpretaciones.
Dentro de esta cadena cabe destacar la presencia abundante de menores, principales consumidores. Desde la casa enseñarles la correcta aplicación de las redes se convierte en responsabilidad de cada adulto.Hablamos de una mentalidad más vulnerable,propensa a fijar todo contenido publicado sin conocimiento de las medidas de comprobación de fuentes o similares. No se trata de la negación,sino de la limitación.
Conjunto a todo esto,se suma la presencia de la Inteligencia Artificial(IA) en gran parte del contenido viralizado. Videos,audios y en su mayoría fotos,acompañan una textualización envolvente que por sus “bonitas palabras”,atrapa al lector ingenuo.
Tarea ardua es la autoconciencia de lo que una pantalla y lo que vemos a través de ella pueden causar. Disfrutemos de la internet,aprendamos de ella y démosle un uso a nuestro favor. No transformemos lo negativo en una epidemia,sino en una reflexión general de aquello que se virtualiza.

















