El miedo al fracaso 

Hay una forma de miedo que no grita, no avisa y casi nunca se reconoce… pero decide muchas cosas por nosotros.

 

Por: Yulislaysis de la Caridad de la Torre Díaz, estudiante de Periodismo 

No es el miedo a intentarlo solamente. Es el miedo a descubrir que no somos tan capaces como creíamos. A poner algo importante en juego y no poder sostenerlo.

Y entonces empezamos a vivir con cuidado. Con demasiado cuidado. Como si cada paso tuviera que ser perfecto para no romper nada dentro de nosotros.

El problema es que ese cuidado excesivo también va cerrando caminos. No de golpe… sino lentamente. Sin ruido. Sin que uno se dé cuenta.

Dejas de intentar cosas no porque no quieras, sino porque ya imaginaste el final antes de empezar. Y en esa anticipación, el intento muere antes de existir.

Y lo más duro del fracaso no es lo que pasa cuando ocurre… sino todo lo que empieza a pesar antes de que ocurra. Esa presión interna, esa voz que cuestiona, que compara, que desgasta.

Con el tiempo, muchas personas no viven decisiones… viven evitaciones. No eligen tanto lo que quieren, sino lo que les da menos miedo perder.

Y así, sin notarlo, uno se acostumbra a no arriesgarse. A quedarse en lo que no incomoda demasiado. A no cruzar ciertas líneas.

Pero lo que nadie dice es que ese “no arriesgar” también tiene un costo. Porque lo que no se intenta no duele como fracaso… pero sí duele como vacío.

Y llega un punto en el que la pregunta deja de ser qué pasó… y empieza a ser qué se dejó de vivir por miedo a que algo saliera mal.

Author: Yulislaysis de la Caridad de la Torre Diaz