Madre:transformación y reto que no viene con diploma.

Ser madre no es solo un título, es una transformación que redefine la vida misma, es despertar en la mañana antes de que suenen las alarmas, es una sincronía perfecta entre el deber y el afecto.

A mis 40 años aún no he completado

mi manual de cómo ser madre. El título de “mamá” me llegó a los 24 con un precioso niño rubio que rebosó de amor mi corazón pero puso a prueba mi resistencia, colmó mi paciencia, llevó al límite mis miedos y me enseñó a no vivir solo para mí, si no para él y  por él.

Recién cumplidos mis 26 años el amor no se dividió, se multiplicó al llegar mi hermosa María,  pero con ella también se redoblaron mis responsabilidades, mis habilidades como cocinera e inventora de nuevas recetas. Aprendí a ser multifacética: lavar, limpiar; todo al mismo tiempo; y no es que me considere  una “súper mamá”, sino que el ritmo cotidiano de la  vida lo impone  para permitir desempeñarme  como profesional, esposa, hija y madre al mismo tiempo.

En la Cuba actual convertirse en madre es atravesar una realidad difícil y latente, multiplicar un salario en necesidades básicas, y aún así hacer magia para brindar alegrías y cumplir caprichos que recarguen nuestras baritas mágicas y se vean reflejados con  sonrisas en sus rostros al cumplirse.

La Mayor de las Antillas envejece de forma significativa. Alrededor del 25 por ciento de la población  posee más de 60 años .Un país en donde la natalidad está por debajo de 1.6 hijos por cada mujer en edad fértil.

Entonces me preguntó: ¿Es o no un reto convertirse en madre hoy en Cuba?

Por supuesto que sí seguro responderán mentalmente todas aquellas que ya lo somos, pero  las que aún no se deciden o simplemente no les ha llegado el momento, les contaré más desde mi experiencia.

Constituye un reto el rol de madre cubana, pero todo el sacrificio vale la pena al ver a los  hijos alcanzar metas. Mi primogénito  a pesar de haber cumplido 17 años, me enloquece cuando le insisto que vaya al barbero. Es poco cariñoso a veces, pero cuando me besa y abraza  mi cuerpo pierde todo el cansancio acumulado y se llena de fuerza. Cuando llega a mis oídos el criterio de lo educado y noble que es, mi orgullo alcanza cifras inigualables.

Qué les diré de mi flaca, mi bailarina, mi amiga y compañera inseparable, mi María, una muchacha muy apegada a mí. Ya viví el susto de las 15 primaveras. ¡UFF!, un  alivio inmenso pero también un  júbilo y regocijo  verla pasar de niña a princesa. Su carita de felicidad el día de las fotos y más adelante la actividad de cumpleaños  me dió la mayor satisfacción como madre.

El trabajo de mamá es de 24/7, tenga la edad que tenga, y esa misión complementa la felicidad de una mujer. También el  mejor bálsamo porque otorga fuerza y energía para seguir y reinventándose  cada día. Cuando me dicen mamá mi mundo florece, el sol me ilumina aunque  esté nublado el día, el  arcoiris muestra sus siete colores.

Llevar las riendas de  madre no es solo un título sin diploma, es saber que aunque la lógica te diga que no, mamá siempre puede,  encuentra soluciones, tiene las respuestas precisas a preguntas y entrega amor sin esperar nada a cambio.

En este  segundo domingo de Mayo celebro por ser refugio, inspiración y abrigo. Celebro por ser una madre real.

Author: Yoanna Torres Noda

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