Nunca pensé que mi cuerpo estaría cubierto por un uniforme verde olivo,de esos que antes solo veía en la televisión o de lejana vista. Hace un año que esa parte de mi vida cambió,cuando decidí dar el paso al frente en busca de un título universitario que más que un salario,representa parte de lo que amo: escribir y comunicar.
Por: Maynielis Martínez Fernández, estudiante de Periodismo
Adentrada en el mundo de las marchas,los campos de tiro y ejercicios tácticos, descubrí poco a poco lo que conlleva portar un traje de esos que con boina, zambran, gorra y botas negras impone respeto en cualquier lugar. Me convertí en una de las hijas del reconocido Ejército Central al cual aporté mi granito de arena durante los 12 meses que estuve inmersa. Aprendí,si,pero más que eso,me llevé experiencia,relaciones e historias de vida para contar.
Era gracioso ver cómo al llegar a casa, hablaba con términos militares y mi mamá,a pesar de pertenecer a una rama del MININT, abría los ojos como si no me entendiera o sorprendida por la forma en que expliqué cada fenómeno. Entonces supe que las enseñanzas no eran en vano. Por momentos sentí como si formase parte de las tropas guerrilleras que lideró Fidel en la Sierra Maestra, cuando en medio de un campo de tiro debía lanzarme al suelo y disparar como si no existiese un mañana. Cansada y exahusta siempre terminé,pero mi fuerza era el pesar de que así como estuve por un día o dos,aquellos guerrilleros estuvieron días y semanas,en medio de una lucha por la Revolución en la que anhelaban que su familia creciera y continuara adelante.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias son más que una organización que comprende diversas ramas y especialidades. Desde mi posición como guardiana del cielo en la Defensa Antiaérea, viví en carne propia el temor de ser atacados,las horas en que problemas ajenos a nuestra voluntad dificultaban el desarrollo de nuestras actividades. Pero también fui testigo de las veces en que intentábamos buscar soluciones, alternativas que permitieron que la defensa del país no quedarse al descubierto.
A casi un año de mi licenciamiento como Primer Planchetista,escribo estas líneas como un pequeño regalo a esos que como yo, tienen en sus manos la sagrada misión de cuidar y preservar todo aquello por lo que nuestro invicto Comandante en Jefe combatió y ganó.
Para esos,los de verde y uniforme oscuro, boinas y cascos de protección. Esos que van en sus jinetes de hierro contra viento y marea, los que enaltecen el honrado título de tanquistas. A esos, que la Patria os contempla orgullosa.
Foto tomada de Periodico Escambray


















