Orquesta Sinfónica Nacional, al compás de estos tiempos

Hace pocos días, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) retomó parte de sus presentaciones habituales en la capitalina Sala Covarrubias del Teatro Nacional, y regresó de esa manera una importante y necesaria programación de corte sinfónico en la capital. A partir de las condiciones energéticas por las que atraviesa el país, desde principios de año ese colectivo había tenido que posponer sus presentaciones, y no fue hasta el domingo 29 de marzo que pudo reencontrarse con su público.

Esta cita, sin embargo, no contó con todos los integrantes de la Orquesta, justo por la situación antes descrita, y hubo que acudir a una formación de cámara para perfilar un programa acorde al altísimo nivel técnico y musical de sus miembros, y brindar un concierto de honda dificultad en todo sentido.

El director titular de la OSN, el Maestro Igor Corcuera Cáceres, no solo escogió y evaluó junto a los músicos un programa atractivo; al concierto fueron convocados varios de los solistas de la Orquesta para que, en formato de trío y cuarteto, asumieran obras que reflejaran la maestría de sus protagonistas.

En esa línea de pequeños formatos de cámara y como primer regalo sonoro se estrenó en Cuba la Fanfarria para St. Edmundsbury para tres trompetas, escrita en 1959 por el compositor británico Benjamin Britten, e interpretada de forma atípica, pues los músicos no subieron al escenario como el público esperaba, sino que la ejecución se hizo desde el lobby de la sala y con las puertas abiertas, para lograr en el lunetario una escucha adecuada. Esta es una pieza llena de recursos expresivos bien llamativos, y la claridad interpretativa de los músicos fue esencial en todo sentido.

Luego se interpretaría el Gran Trío en Si menor, Op. 90 para tres flautas, de Friedrich Kuhlau, compositor germano-danés; como característica compositiva principal suya hay que señalar que vivió entre el clasicismo y el romanticismo y fue un admirador profeso de Beethoven, además de su amigo y contemporáneo.

Aunque precisamente Beethoven ha sido apodado como un músico frontera (la historia de la música lo considera el último clásico y el primer romántico), esa condición interperiodos también pudiera atribuírsele a Kuhlau, a pesar de que, obviamente, tuvo una menor producción que el genio de Bonn.

Para esta obra, difícil y con entretejidos planteamientos melódicos, se requirió del talento de tres flautistas de la Orquesta, quienes supieron reflejar no solo sus extraordinarias capacidades de empaste y cohesión cameral, sino también el complejo estilo del compositor.

Posteriormente, llegaríamos al barroco de la mano de cuatro violinistas de la Sinfónica, incluyendo a la concertino, cuando interpretaron el Concierto No.1 para cuatro violines en Sol Mayor de Georg Philipp Telemann, obra referencial (Telemann escribió solo cuatro de este tipo) para la literatura del instrumento. La limpieza y la diferenciación por planos temáticos de cada línea fue sencillamente asombrosa, así como la incorporación histórica y estilística.

El Maestro Igor Corcuera Cáceres escogió y evaluó junto a los músicos un programa atractivo. Foto: Iván Gutiérrez

El quinteto Habana Brass fue también invitado especial a este concierto, y con su formación (dos trompetas, trompa, trombón y tuba) interpretaron Escape, obra del joven trompetista y compositor norteamericano Kevin McKee, escrita para estos formatos de viento. Su lenguaje actual y con claras referencias al pop y al jazz son atributos que la caracterizan y nos sumergen en el más absoluto diálogo con estos tiempos.

Luego de tales propuestas vendría la actuación de la Orquesta Sinfónica en formato de cámara, con la versión para cuerdas de las Danzas Folklóricas Rumanas (Béla Bartók), la Oración del Torero (Joaquín Turina) y el Danzón No.4 (Arturo Márquez).

La segmentación estilística lograda en cada una se tradujo en una extraordinaria compresión del público para descifrar los disímiles motivos sonoros que, aunque con ribetes compositivos bien diferenciados, aluden a determinados y específicos contextos.

Esta experiencia, que contó con el apoyo incondicional de las instituciones afines, si bien no pudo ser mayor en cuanto a cantidad o a obras para orquesta completa, sí constituyó un reto y una respuesta ante la necesidad que impone el momento. Aplausos para esta iniciativa y sus protagonistas, y que siga siendo la creatividad el arma más poderosa para estos tiempos.

(Tomado de Periódico Granma)

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