Tiene 29 años, la piel grabada con símbolos de lealtad y una hoja de servicios donde brillan grandes misiones: el incendio de los supertanqueros y el derrumbe de la chimenea de la termoeléctrica. Robert Yunior Vega Acosta, jefe de compañía del Comando 1 de Matanzas, es un joven de estos tiempos: alegre, responsable, padre y, sobre todo, bombero de vocación inquebrantable.
Hoy es jefe de compañía del Comando 1 de Matanzas y secretario de la UJC de los Bomberos matanceros. Es técnico medio en Construcción Civil y se ha graduado de los cursos de Jefe de Pelotón y Jefe de Compañía en la Escuela Nacional de Bomberos de La Habana. Fue Delegado directo por el Ministerio del Interior al 12 Congreso de la UJC.
Pero sus credenciales más contundentes están escritas en el humo. Ha participado en varias misiones; las más significativas: el colosal incendio de la base de supertanqueros de Matanzas —aquel día era su segunda guardia en el Comando 2 de Versalles— y las labores de rescate y salvamento en el derrumbe de la chimenea de la termoeléctrica.


Quería estudiar en los Camilitos y ser militar, pero un incendio en su casa cambió su rumbo. Cursaba séptimo grado. Mientras dormía, una vela se cayó y provocó el siniestro. Entre el humo y las llamas despertó y, como pudo, trató de apagarlo. Casi lo logra, pero al abrir una puerta las llamas se avivaron. Al no poder controlarlo, salió corriendo al Comando I a avisar a los bomberos. Ver su casa arder lo marcó con hierro candente: “Seré bombero”.
Ya desde la primaria, motivado por los Círculos de Interés y el ejemplo de su padre —bombero voluntario— sentía atracción por la profesión, y con solo 12 años tuvo su primera experiencia apagando un poste eléctrico incendiado.


Lo conocí en un momento desgarrador. Era agosto de 2022, al término del acto de despedida de los comandos de bomberos de otras provincias que ayudaron a extinguir el siniestro de la base de supertanqueros. De repente, una mole humana se desplomó llorando a mi derecha. Fueron días arduos, difíciles, tristes. Sus amigos lo abrazaban para consolarlo, hasta que llegó a los brazos de su papá, Roberto, y luego a los de su mamá, Alicia. En ese lapso no dejé de hacer fotos con mi celular: era la primera vez que me “robaba” imágenes de personas. Pero vi, en ese instante, a un joven, a un ser humano que acababa de vivir la experiencia más dolorosa y agotadora de su vida laboral, y la había asumido como un deber sagrado. Ese joven era Yunior.



Recientemente, mientras hacía un fotorreportaje, me llamaron la atención sus tatuajes. No sé si porque la piel es más sensible al calor, pero cada dibujo en su cuerpo guarda una batalla o un afecto. El primero, en el brazo derecho: los nombres de sus padres, una luna, una estrella y la frase “Soy lo que vivo”. En una pierna tiene otro tapiz: un ángel alado con casco de bombero. En el pecho, después del supertanquero, se grabó otro. Lleva también un cocinero que representa a su hermano (con su fecha de nacimiento), la imagen del Che Guevara con su firma, los grados de nuestro Fidel, acompañados de su firma y un cuño de bombero. ¿Por qué Fidel? Porque este joven repite una frase del Comandante: “Solo en circunstancias excepcionales se conoce que esos hombres existen y se preparan en silencio para los momentos críticos». Para Yunior, Fidel es como un padre, y sigue sus ideales.



En el hombro, referentes al amor y a su adorable hijo de 3 años. El siguiente será en el brazo, dedicado a su bebita. Todos tienen un significado profundo. Todos son un mapa de lealtades, las razones de su vida.
Robert Yunior Vega Acosta, con sus 29 años, ha demostrado amor, dedicación y fidelidad en cada acto. Es un joven de estos tiempos: alegre, entusiasta, responsable y muy entregado a su profesión. No importa si le dicen el Tanke, la Tranca o simplemente Yunior. Cuando las llamas acechan o un rescate se hace evidente, él está ahí. Y su piel, como su historia, no miente.


(Tomado de Periódico Girón)

















