“La ruta de la Bala de Billi el Niño”

Hay trabajos que se cuentan…y hay otros que se sienten en el cuerpo.En la espalda. En los ojos que no duermen.Muchos dicen que ser camionero no cansa…que es solo manejar, ir para adelante y para atrás.Pero eso…solo lo sabe el que se sienta detrás de un timón.

Manejar no es avanzar, es pensar por todos.
Es ir pendiente al carro de alante, al de atrás
al que aparece en una esquina, al bicicletero, al coche, al tractorista.
Es tener una calculadora en la cabeza todo el tiempo porque desde el momento en que alguien se sienta detrás de un timón su vida y la de los demás cuelgan de un hilo.

La carretera no avisa y Lázaro de la Torre lo sabe. Lleva 21 años trabajando en el Ministerio de la Construcción del Turismo Nacional pero su historia no empezó ahí.
Empezó a los 13 años sentado al lado de su papá aprendiendo a manejar a tropezones, como todo en la vida.
En los campos de caña, en los terraplenes.
En los caminos duros donde casi no pasan carros pero donde se aprende a respetar el volante porque después viene la carretera de verdad y esa… exige otra cosa.

Lo ha llevado de Santiago de Cuba a Pinar del Río a conocer lugares que nunca imaginó. Su primer viaje largo fue hasta Santiago. Cuatro días de ruta. Pasando por Holguín, Palma Soriano, Manzanillo…
Buscando herramientas para una brigada
y piezas para la termoeléctrica Antonio Guiteras. En medio del trabajo… los carnavales. La gente lo recibió. Lo ayudó.
Lo hizo sentirse acompañado porque en la carretera uno nunca sabe de quién va a necesitar. Pero no todo es bonito.

La carretera también golpea.
También deja imágenes que no se borran. Un día, regresando de Villa Clara…
un carro se metió debajo de un camión de frente. Cuatro personas murieron y después de eso, el silencio pesa. Por eso insiste: Manejar no es un juego: es responsabilidad, es conocimiento, es mente fría porque si no sabes lo que haces el camino se vuelve peligroso. Y aun así, hay quienes dicen que no cansa pero no saben lo que es pasar horas en la misma posición, sin bajar la guardia. No saben lo que es cargar paneles de vivienda donde una curva mal tomada puede virarlo todo. No saben lo que es vivir días fuera de casa, dormir en el carro, buscar comida, seguir. No saben lo que pesa aunque no se vea, porque el camionero no solo carga cosas también carga silencios y la soledad, La soledad más grande llega en la noche. Cuando la carretera se queda casi vacía y solo queda el motor y los pensamientos.

Hay noches en que la carretera no pesa lo que pesa, es la cabeza y sin embargo
es su momento favorito. Porque todo se calma. Porque el camino se vuelve suyo.
Y entonces… mira.
Mira el país desde el parabrisas. Tierras que se pierden en marabú y otras que todavía respiran. Ciudades que se quedan en el alma. Como Cienfuegos la más limpia, la más bonita para él.

Y carreteras que parecen irreales.
Como esa que atraviesa el mar hacia los cayos…kilómetros de agua a los lados como si el mundo se detuviera.Y en medio de todo eso la vida sigue rodando.
Y aunque muchos digan historias que los camioneros tienen una mujer en cada puerto él se ríe. Dice que eso es fama.
Que la verdad es otra. Porque al final del camino cuando cae la noche cuando el país se apaga no todo es silencio. Hay una presencia. Un compañero de viaje. Un camión con más de 15 años de carretera que ha cruzado Cuba entera,
que ha cargado peso, historias, cansancio… y vida. En la base todos lo conocen.
La Bala de Billi el Niño. Dicen que es rápido.
Fuerte. Que tiene carácter pero lo que no todos ven es lo que lleva dentro.
Si ese camión pudiera hablar diría que ha sentido cada curva, cada frenazo cada madrugada. “La ruta de la Bala de Billi el Niño” que conoce el cansancio y también el orgullo.
Que sabe cuándo el camino pesa…
y cuándo el corazón aprieta. Diría que no es suerte estar entero después de tantos años, es cuidado, dedicación, amor. Porque más del 85 % de sus piezas siguen siendo de fábrica pero lo que lo mantiene vivo no viene de fábrica. Viene del hombre que lo maneja.
Viene de Lázaro de la Torre y entonces uno entiende porque en cada kilómetro…no va un hombre manejando.Va una vida entera
rodando.

Author: Yulislaysis de la Caridad de la Torre Diaz

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