Se trata del Huerto Clonal de Segunda Generación de Pinus caribaea, una extensión de casi 16 hectáreas (ha), que se erige como el único de su tipo en la geografía matancera y que hoy representa un pilar estratégico para la recuperación de la masa boscosa en todo el archipiélago cubano.


Este proyecto, que comenzó a gestarse en el año 2010, no surgió de una simple inquietud académica, sino de una necesidad crítica y urgente. Durante décadas, la escasez de semillas de alta calidad representó el principal “cuello de botella” para los planes de reforestación del país. Las plantaciones convencionales no siempre garantizaban la resistencia o el crecimiento esperado, lo que ponía en riesgo la inversión estatal en el sector. Ante este escenario, la Empresa Agroforestal Matanzas decidió apostar por la genética avanzada como única vía para asegurar una masa semillera que no solo garantizara la supervivencia de la especie, sino que también fuera capaz de generar ingresos mediante la exportación de material de alta calidad.

A diferencia de las técnicas de siembra tradicionales, este huerto se fundamenta en la tecnología de injertos, un proceso que demandó una alianza profunda y sostenida entre los trabajadores de la tierra y la comunidad científica. El éxito que hoy se observa en estos campos es el resultado directo del asesoramiento técnico del Instituto de Investigaciones Agro-Forestales, institución que ha guiado cada paso para asegurar que el ciclo de mejora genética se acelere de forma eficiente.
“Con el huerto clonal no solo buscamos producir más árboles, también queremos conseguir ejemplares más rectos y resistentes, adaptados plenamente a los suelos cubanos”, explicó Dania Ramírez Cabrera, directora técnica y de Desarrollo de la Empresa Agroforestal Matanzas.
La especialista abundó en que el uso estratégico de clones permite que cada individuo plantado sea una réplica exacta de los ejemplares más resistentes y productivos identificados por la ciencia. Esta uniformidad genética aporta un valor añadido incalculable en el mercado internacional, pero, sobre todo, funciona como un escudo ante la incertidumbre que plantea el cambio climático.
En un mundo donde las condiciones meteorológicas son cada vez más erráticas, contar con una especie adaptada y seleccionada mediante biotecnología se traduce en una herramienta de precisión para asegurar el patrimonio natural del futuro.

Este esfuerzo científico cobra una relevancia especial cuando se analiza la historia ambiental de Matanzas, una provincia que arrastra cicatrices ecológicas de larga data. Desde los tiempos de la Colonia, la tala extensiva necesaria para alimentar la industria azucarera y la expansión de la ganadería fue mermando de forma sistemática los bosques originales de la región. A este impacto histórico se han sumado, en años recientes, los efectos devastadores de fenómenos hidrometeorológicos extremos. Un ejemplo doloroso fue el paso del huracán Irma en 2017, cuyas rachas de viento dejaron una huella de destrucción profunda en las áreas boscosas del territorio, obligando a repensar las estrategias de recuperación de los ecosistemas.
Por esta razón, la reforestación en Cuba ha dejado de ser un tema puramente ecológico para elevarse al rango de asunto de seguridad nacional. En este panorama, el huerto clonal ubicado en la Unidad Empresarial de Base Agroforestal, en Martí, funciona como un auténtico banco de vida. El manejo constante, que incluye podas técnicas y tratamientos silvícolas de alta especialización, no solo busca preservar la salud de los ejemplares, sino que tiene como fin primordial disparar la producción de conos y semillas que servirán para repoblar otras zonas críticas del país.

“Las semillas producidas en Martí no solo satisfacen la demanda de la provincia de Matanzas, también son enviadas hacia otros territorios”, dijo Ramírez Cabrera.
“Este circuito productivo reduce significativamente la dependencia de importaciones de material genético y asegura que cada hectárea recuperada cuente con una base biológica superior. El pino macho, protagonista de este esfuerzo, es una especie invaluable debido a su capacidad para prosperar en terrenos difíciles y degradados, lo que garantiza una tasa de supervivencia mucho mayor en los programas de recuperación de suelos”, destacó la funcionaria.
Esta labor se inserta en una política de Estado de largo alcance conocida como Tarea Vida, la cual constituye el plan integral para enfrentar el cambio climático. Como país insular, Cuba enfrenta desafíos particulares como el aumento del nivel del mar, la erosión costera y sequías cada vez más prolongadas. En este escenario, los bosques funcionan como reguladores naturales del ciclo del agua, protegiendo las cuencas hidrográficas que abastecen a la población, la agricultura y la industria. Al mismo tiempo, actúan como barreras naturales que mitigan la fuerza de los vientos y las inundaciones, mientras capturan carbono para cumplir con los compromisos internacionales de reducción de emisiones. La meta estatal es mantener y superar el 30 % de cobertura boscosa en el territorio nacional, una cifra que en 2024 ya alcanzó cerca del 33 %, posicionando a Cuba como uno de los referentes en América Latina.
La protección de la biodiversidad es otro de los ejes fundamentales que se benefician de este impulso reforestador. Al restaurar los ecosistemas con especies adecuadas, se crean corredores biológicos esenciales para la fauna endémica, protegiendo desde pequeños mamíferos hasta aves y plantas que solo existen en la geografía insular. Además, la integración de la ciencia forestal en sistemas silvopastoriles permite mejorar la calidad del suelo y proporcionar sombra y alimento para el ganado, vinculando la salud de los bosques con la seguridad alimentaria de la población.

No se trata solo de plantar árboles, sino de fomentar una cultura de investigación científica y educación ambiental que genere empleos dignos en las comunidades rurales y proporcione madera sostenible para la industria nacional.
Sin embargo, el camino hacia la plena sostenibilidad no está exento de retos considerables que exigen una vigilancia constante. La proliferación de especies invasoras como el marabú representa una amenaza persistente que compite por los recursos y el espacio, mientras que las limitaciones financieras y tecnológicas obligan a los especialistas a extremar la eficiencia en cada proceso.
A pesar de estas dificultades, la Empresa Agroforestal Matanzas mantiene una visión optimista y ambiciosa. Durante el balance de gestión del 2025, se definieron los objetivos estratégicos para este 2026, centrando la atención en la modernización de los métodos de producción mediante la adquisición de un vivero tecnificado de última generación en el municipio de Los Arabos.

“Con este nuevo centro buscamos impulsar la ambiciosa meta de reforestación para este ciclo productivo. Prevemos ejecutar un plan con el compromiso de alcanzar una reforestación de 838 ha, consolidando así el patrimonio forestal de la provincia”, concretó la directora técnica y de Desarrollo de la Empresa Agroforestal Matanzas.
El Huerto Clonal de Martí y el nuevo vivero de Los Arabos representan la vanguardia de una política que busca asegurar que el verde regrese con fuerza y pureza genética a los campos matanceros. El compromiso de la nación con la Agenda 2030 y los principios de conservación plasmados en la Constitución encuentran su expresión más auténtica en el trabajo diario de estos hombres y mujeres que, desde la biotecnología y el esfuerzo físico, garantizan un futuro más robusto para las próximas generaciones. (Por: Yohanka Rodríguez y Ernesto Alejandro Prado, estudiantes de Periodismo)
Tomado de

















