Hoy tenemos que hablar de una de las formas más extremas de la violencia de género:
el feminicidio.
En Cuba, solo en 2024 se registraron 55 casos de mujeres asesinadas por razones de género según un informe del Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género, significando esto una tasa de 1,29 por cada 100000 mujeres. Cifras que, además, muchos especialistas consideran subestimadas.
Pero esto no es solo un problema cubano.
A nivel mundial, miles de mujeres son asesinadas cada año, la mayoría a manos de alguien cercano
¿Por qué pasa?
Porque la violencia no empieza con un golpe ni termina con la muerte.
Empieza con el control, los celos, los insultos, la humillación.
Sigue con la violencia psicológica, económica, física y sexual,
hasta llegar, en los casos más extremos, al feminicidio.
Vivimos en sociedades donde aún se normaliza el dominio sobre el cuerpo y la vida de las mujeres.
Donde el machismo se disfraza de amor, de costumbre, de silencio.
Sí, la violencia puede darse también a la inversa.
Pero los datos son claros: la violencia de género afecta de forma desproporcionada a las mujeres, y tiene raíces estructurales profundas.
Las cifras no son números fríos.
Son vidas truncadas.
Son familias rotas.
Y son preguntas urgentes que como sociedad no podemos seguir evadiendo.
Callar también mata.

















