Los tatuajes son una forma popular de expresión personal que llama cada día más la atención de las cubanas y cubanos. En nuestra sociedad prevalece el imaginario de algunos individuos que catalogan esta práctica inapropiada; dígase por hábitos y prohibiciones en el entorno familiar, ideas implantadas, religiones, entre otras.
Por: Leonardo Pérez Mangano, estudiante de Periodismo.
“Parece un presidiario (a)”, “Está más escrito que un periódico”, “Que mal aspecto tiene”, son algunas de las frases hirientes, que en algunos sitios se escuchan acompañadas por expresiones faciales negativas, con respecto a dicho arte. Opiniones y gestos, que aunque sean de minúscula importancia en la era actual, constituyen obstáculos que frenan la completa aceptación de un gusto individual, llegando a generar discriminación.
La historia del tatuaje se remonta a miles de años atrás, con evidencia arqueológica. La modificación corporal a través de tatuajes la practicaban las culturas de antaño. En muchas civilizaciones, estos eran utilizados como símbolo de estatus, pertenencia a un grupo y hasta como protección mística.
El impacto de diseños fijos a base de trazos y rellenos con tintas en el órgano más grande del ser humano (la piel), puede ir más allá de la apariencia externa y de su simbolismo. Dentro de las posibles consecuencias negativas aparecen: limitaciones profesionales cuando se cierran puertas a opciones laborales o de estudios sin justificaciones, incluso imaginando el motivo. También, arrepentimiento por las marcas generadas y luego dificultad para retirarlas.
Una fuente, a la cual respetamos su petición de anonimato, dijo que hace algunos años, en búsqueda de empleo en bares y cafeterías, sufrió de rechazo por poseer grabados corporales en zonas imposibles de ocultar con prendas de vestir.
Sin embargo, hay quienes con valentía convierten su cuerpo en un lienzo, y demuestran con palabras y acciones cotidianas, que la conducta social, la ética y la profesionalidad no dependen solamente de lo externo.
( entrevista a Anyélica, estudiante de Licenciatura en Derecho)

Existen diversos fines para grabar diseños permanentes en la dermis. Dentro de los más comunes se encuentran los cosméticos, como delineados en párpados y labios, y los decorativos, que son dibujos y frases de diferentes formas y tamaños.


Una preocupante para muchos resulta si la agresión externa a la piel con una aguja y un pigmento es perjudicial para la salud. Sobre el tema, la doctora Meylin Fernández Martori, especialista en segundo grado de dermatología, ofreció detalles.
Fernández Martori hace énfasis en que debe evitarse la realización de estos dibujos en zonas donde existan lunares o tumoraciones, porque puede ser dañino. Agrega que, pacientes con antecedentes de una cardiopatía, miocardiopatía, o que padezcan de alguna inmunodepresión, deben evitar tatuarse, ya que una infección adquirida podría ocasionar la muerte.
En cuanto a los procedimientos de eliminación, dígase por insatisfacciones estéticas u otras cuestiones de índole personal, se refiere la doctora.

Comenta además, que una vez aplicada alguna de estas técnicas, la piel queda dañada por el efecto tanto del láser, del tinte y la agresión que hubo en el sitio. “No obstante la marca del grabado no va a ser eliminada completamente”, aseveró.

Otra de las formas de eliminación, según declara Meylin, es la dermoabrasión, la cual consiste en retirar capas en la zona tatuada con un bisturí, llegando a formar queloides que atentan contra la belleza corporal.
Los tatuajes como técnica de alta incidencia en la población, sobre todo en la joven, debe hacerse con plena seguridad, porque a pesar del complicado acceso a procederes para retirarlos, pueden afectar la salud en algunos casos. A los principiantes les corresponde conocer sobre cuidados que hay que ofrecerles a dichos trabajos en la piel y realizárselos con los tatuadores más capacitados.


















