Antes del primer lanzamiento

El estadio todavía no está lleno, pero la presión ya se siente. En el dugout de Matanzas no se habla de miedo, sino de control, de detalles y de mente fría. Porque antes del primer lanzamiento, este equipo sabe que el juego más importante no se gana con el bate ni con el guante, sino en la cabeza.

Por: Yulislaisys De La Caridad De La Torre Díaz, estudiante de Periodismo 

El ambiente dentro del conjunto yumurino es alegre, cargado de entusiasmo y expectativas. La cercanía de los playoff ha despertado una ansiedad positiva, de esas que empujan y no paralizan. Hay semanas de trabajo acumulado, de entrenamientos constantes y de una mentalidad enfocada en un solo objetivo: ofrecer un buen espectáculo al pueblo, a la familia, a los amigos y a todo un país que sigue el béisbol como parte de su identidad.

En estos días, el énfasis ha cambiado. La defensa se ha convertido en prioridad absoluta. Se repiten jugadas tácticas, se corrigen deficiencias en el bateo y se revisan errores que durante la serie regular podían pasar, pero que en la postemporada no se perdonan. En una serie de playoff, cualquier detalle —un mal toque de bola, un tiro impreciso, un corrido innecesario, un lanzamiento equivocado o incluso una mala decisión desde el banco— puede inclinar la balanza hacia el fracaso.

La preparación física continúa, pero ahora se mide con cuidado. El cuerpo se cuida, las cargas en el gimnasio son las necesarias para asentar músculos, evitar lesiones y fortalecer las piernas, fundamentales para correr las bases o deslizarse en una jugada cerrada. Sin embargo, el verdadero centro de atención está en la mente. En juegos de presión, con estadios llenos y emociones a flor de piel, tranquilizar y ejercitar el pensamiento es clave para que todo fluya según lo planificado. Cuando la mente está fuerte, el físico responde con mayor facilidad.

Para Eduardo Blanco, capitán del equipo de los yumurinos, la presión de los playoff no pesa: motiva. Jugar con el estadio lleno le resulta más estimulante que hacerlo con las gradas vacías, donde la falta de bullicio se asemeja a un simple juego de tope. El ruido de la gente, el aliento constante, hacen que un hit se disfrute más y que una buena jugada defensiva se viva con mayor emoción. Para él, el béisbol se juega mejor cuando hay público, cuando la adrenalina empuja a dar un extra.

Los entrenamientos, en esta etapa, también se acortan. A diferencia de la temporada regular, los playoff se deciden en series de siete, seis o cinco juegos, y no se puede sobrecargar el cuerpo. La idea es llegar frescos, sueltos, listos para responder en cada inning.

Antes de un juego importante, la rutina es clara: descansar el día previo, pensar en todas las situaciones posibles, imaginar el turno al bate, dormir bien. El estrés mental de estos partidos es alto. Pensar qué hacer, qué conexión buscar, cómo responder a cada escenario, cansa tanto como el esfuerzo físico, aunque muchos no lo crean.

La experiencia juega un papel fundamental. Con el paso de los años, los juegos grandes se asumen con mayor naturalidad. Para los más jóvenes no siempre es fácil. No todos están acostumbrados a jugar con estadios llenos y, cuando las cosas no salen, la presión puede pesar más. Sin embargo, el equipo reconoce que incluso el fracaso enseña, y que muchas veces es el paso previo al triunfo.

Un punto a favor de Matanzas en esta etapa decisiva es la incorporación de figuras con amplia experiencia internacional y en instancias similares. Peloteros como Yurisbel Gracial, Armando Dueñas, Ariel Martínez y Yoannys Yera llegan para reforzar un equipo marcado por la juventud. Su aporte se siente tanto en la ofensiva como en el pitcheo, especialmente en juegos salvados y victorias. Su presencia no solo fortalece al grupo, sino que cambia la percepción del rival, que ahora ve a Matanzas como un conjunto temible.

 

Yoannys Yera
Yanmichel Pérez 

El apoyo interno es constante. La comunicación fluye entre jugadores y cuerpo técnico. Se analizan las debilidades del contrario, se comentan los movimientos del pitcher, se orienta por dónde batear y cómo ajustar la defensa. Los más experimentados aconsejan a la juventud, comparten vivencias de otras ligas, nuevas técnicas y ejercicios. Aquí todos son importantes. Se busca lo positivo en cada jugador y se trabaja desde lo humano, desde el apoyo como personas, no solo como atletas.

Cuando Eduardo Blanco entra al terreno, su pensamiento es uno solo: hacerlo bien. Demostrar que es un pelotero de estos momentos, de todos los días. Jugar con intensidad, dar el máximo y representar con orgullo a su familia y a la gente que lo sigue, esté donde esté. En los playoff no hay medias tintas: se juega al ciento veinte por ciento.

Desde el banco, Ferrer ha construido un liderazgo basado en el diálogo. Es un director receptivo, que escucha opiniones de entrenadores, atletas e incluso de los fanáticos. La relación con el capitán es de intercambio constante, de consejos y decisiones compartidas, una dinámica que fortalece al grupo.

Pocos confiaron en Matanzas al inicio de la temporada. Las bajas sensibles desde los entrenamientos, la gran cantidad de novatos, las lesiones y enfermedades parecían obstáculos difíciles de superar. Aun así, el equipo resistió. Luchó subserie tras subserie, se mantuvo entre los cuatro primeros y terminó en el segundo lugar de la etapa clasificatoria. Nunca se rindió, incluso en los momentos más complejos.

Hoy, antes del primer lanzamiento de los playoff, Matanzas no promete resultados. Promete entrega. Promete dejar la piel en el terreno, como decía Tabares. Porque en una serie donde cualquier detalle decide, esa actitud puede ser la mayor fortaleza.

Reviva el momento donde matanzas fue campeón de la serie nacional en 2020 en el siguiente enlace

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Juego de preparación Matanzas-Industriales

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