Iban a llevárselo a él y ella no lo permitió

Maduro y Cilia. Foto: ATLAS (Archivo).

Venezuela, 4 de enero.

Van pasando las horas de un día que marcará la historia global. Van apareciendo y consiguiéndose detalles de esta jornada en la que secuestraron al Presidente de un país y a su esposa.

Desde entonces millones son los gritos que reclaman su libertad. Esas voces no se callarán, mientras no regresen a casa.

Pero, ¿cómo fue el momento en que se los llevaron? ¿Qué pasó realmente en esos minutos en que los soldados del imperio ejecutaban la ignominia?

He podido obtener un dato que marca esa historia, que es, antes que todo, una historia de amor.

Ellos iban a llevárselo a él y ella no lo permitió, exigió irse junto al líder, su esposo, su compañero.

En medio de una de las mayores violaciones a todos los derechos, se impuso la fuerza de su amor y de su convicción.

Horas después los vimos llegar en su condición de secuestrados a EEUU.

Él “bromea”, se refiere a ella, dice estar herido. Están ahí y están juntos porque así lo impuso la fuerza de esa relación construída en las más duras pruebas. Venezuela los reclama. Las voces justas no se apagarán.

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