A Leandro Camargo lo conocía antes de topármelo por primera vez en la Casa Naborí, centro promotor de la cultura campesina ubicado en el municipio matancero de Limonar. Sí, de miradas nos conocíamos, pues coincidimos al tomar el ascensor en la residencia estudiantil de F y 3era, de la Universidad de La Habana, y puede que alguna que otra vez intercambiáramos meras palabras.
Desde entonces lo imaginé en la Facultad de Artes y Letras, y nunca supe más, hasta mi entrada a la Casa Naborí, hervidero del verso improvisado. Allí todo puede suceder en materia poética si le adicionas el nivel de los invitados y el alud de su público, amplio conocedor de la sonoridad guajira, esa que olvidada o marginada tiene residencia permanente en el lugar.
Aún sin creerlo me acerqué a Camargo, quien, para sorpresa, era una de las figuras centrales de la canturía. Conocí, además, que es oriundo de Los Palacios, en Pinar del Río, y ya ha ascendido escalones dentro del repentismo cubano actual.
Licenciado en la especialidad de Filología, confiesa su afición por la música tradicional campesina desde muy joven, inicialmente a partir de su incursión en la escritura, siendo aún pequeño, y después, ayudado por los improvisadores de su pueblo.
Sin embargo, ¿favorece la formación académica a la hora de crear?
“La cultura se construye de diversos modos. Hay quien lo hace de manera empírica. La academia también facilita el camino, siempre que se tenga la inteligencia para no dejarse recortar la originalidad con esquemas, y el deseo de encontrar lo propio. Creo que sí, lógicamente, ayuda.”
Entonces, ¿guarda ello relación con tus éxitos en las convocatorias del verso improvisado?
“Hay quienes se dejan guiar por lo exterior, digamos, impresionarse por la existencia de un título. En mi caso, deseo que repercuta, no precisamente mi formación, sino el modo de hacer y la propia poesía. Eso es lo más importante.”
¿De qué urge la música tradicional campesina para lograr el despegue del público tradicional hacia otros más diversos y contemporáneos?
“Aún queda por hacer. Lo primero es lograr una mayor cohesión entre las estructuras comprometidas con la promoción de lo que es hoy el ámbito de la improvisación. A ello se adiciona lo que nosotros mismos podemos dar a la poesía desde dentro, para renovarla y adaptarla a los nuevos tiempos.”
Cultivas tanto la décima escrita como oral, junto a otras variantes estróficas. ¿Cómo caracterizas lo ya hecho, tu poesía?
“Definir poesía siempre resulta difícil. Por ejemplo, a José Lezama Lima le preguntaron una vez, a lo cual contestó: `¿Poesía? Es un caracol nocturno dentro de un rectángulo de agua.´ Seguidamente le preguntaron qué era eso…
“En cuanto a una valoración sobre mis versos, hay que significar que ellos forman parte de un proceso de identidad, el cual no ha concluido, continúa renovándose y redefiniéndose. Me parece que la mejor respuesta que puedo dar es esa esquiva de Lezama, porque si doy una definitiva significa que el río que nace de mí se paró, y lo mejor es que siga.”
Estas son algunas de las interrogantes que anhelaba hacerle a Camargo desde aquel primer día en la Casa Naborí. La premura de aquel encuentro me privó conocer de otros detalles, entre ellos cómo funciona su mente en ese preciso momento en el que, a la velocidad del lenguaje, saca a la luz estrofa más estrofa. Y una última pregunta aún me ronda: si se necesita para ello de un don o cualidad especial.
(Tomado de Radio26)









