Un mal…, ¿menor?

Es un tema duro, de esos que no resultan agradables de tratar en la sobremesa porque incomodan a aquellos con estómagos más sensibles.

Pero no por ocultarlo debajo de algún mueble desaparece el polvo y el maltrato animal se ha dejado demasiado tiempo entre nuestras urgencias postergadas.

Cuba, un país que defiende en las tribunas del mundo su respeto al ser humano y sus derechos, se ha quedado sorprendentemente a la saga en lo referente a acciones concretas para mostrar esa clase de humanidad en cuanto al trato a los animales, mascotas incluidas.

Las calles repletas de perros heridos y hambrientos, caballos golpeados sin piedad bajo el sol para obligarlos a tirar más rápido de un coche de pasajeros, ejemplares de zoológico hacinados en espacios de dudosa higiene y muchos otros ejemplos darían suficiente material para un dossier demasiado abultado.

No es normal todo lo frecuente, no por saberlas cotidianas estas escenas deben doler menos y varios cubanos sensibles al tema aprovechamos la transparencia del proceso de consulta popular del nuevo Proyecto de Constitución para darle visibilidad al maltrato animal en Cuba, una realidad ante la no cual no pocos cierran los ojos.

Muchas voces, y así lo han reflejado los diversos medios de comunicación, se alzaron para sugerir la inclusión en la nueva Carta Magna de algún artículo que fije las bases para poner freno a la violencia contra otros seres vivos.

Se trata de hacer más llevadera la existencia de criaturas que proporcionan al Hombre compañía, sustento, salud, felicidad y hasta esperanza.

¿Hasta cuándo quedarán impunes quienes abusan de animales indefensos, mostrando de sí mismos una moral menor que la de las bestias? ¿Tendrá fecha de caducidad el enriquecimiento nacido del dolor ajeno? ¿Habrá Ley de Protección Animal en Cuba?

En lo personal no logro que combine mi visión del ideal guevariano del Hombre Nuevo con un ciudadano capaz de hacer sufrir a un perro –por ejemplo- para divertirse, para ganar dinero sucio, para sentir placer.

“La violencia es una sola”, así se titula un oportuno trabajo periodístico publicado recientemente en el diario Granma, que arremete contra las ilegales pero frecuentes peleas de perros y reconoce una misma raíz en toda clase de abusos.

“La violencia es una sola”…, se me pegó la frase porque sintetiza con todo el magnetismo de un buen eslogan el sentir de quienes amamos y defendemos a los animales, con plena conciencia de nuestro deber humano, como seres racionales, con la protección de la naturaleza.

No puedo evitar quedarme con la frase del autor polaco Andrzej Sapkowski, puesta en boca de su entrañable personaje, el brujo Geralt de Rivia: “El mal es el mal (…) Menor, mayor, mediano, es igual, las proporciones son convenidas y las fronteras son borrosas. (…) Pero si tengo que elegir entre un mal y otro, prefiero no elegir en absoluto.”(Tomado de Radio 26)

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