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‘Escuché que habría concentraciones masivas contra mí en el Reino Unido, pero fue todo lo contrario. Las grandes multitudes, que la prensa corrupta odia exhibir, eran personas que se reunieron para apoyar a los Estados Unidos y a mí. Eran muchos y muy entusiastas, afirmó Trump este miércoles en su cuenta de Twitter.
Ayer, durante una rueda de prensa conjunta con la primera ministra Theresa May, el presidente estadounidense también negó haber visto alguna manifestación en su contra.
En opinión del columnista de The Guardian Owen Jones, tanta insistencia en negar las protestas solo lleva a preguntarse dónde terminan sus mentiras y dónde comienza el autoengaño.
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Según Jones, quizás Trump cree realmente que las decenas de miles de personas que portaban pancartas donde se leía ‘Enciérrenlo en la Torre’ y otros insultos estaban allí para aplaudirlo.
La víspera, decenas de miles de personas marcharon desde la Plaza Trafalgar hasta la sede del Parlamento, en el centro de Londres, al grito de ‘Say it loud, say it clear, Donald Trump not welcome here’ (Dilo alto, dilo claro, Donald Trump no es bienvenido aquí’.
A su paso por las inmediaciones del número 10 de Downing Street, donde en esos momentos el mandatario norteamericano estaba reunido con May, el ruido era ensordecedor.
Imágenes captadas por la televisión local muestran además el momento en que la caravana de Trump se acerca a la residencia oficial de May, mientras en un segundo plano se observa claramente la protesta.
Con solo bajar un tanto la ventanilla de la ‘Bestia’, el presidente podría haber escuchado el mensaje, y de haber sacado la cabeza y mirado en dirección al Parlamento podría haber visto al gigantesco Baby Trump, el ya famoso globo color naranja que lo caricaturiza como un bebé insolente.
Tampoco era fácil pasar por alto un muñeco robotizado que lo representaba sentado en un inodoro dorado mientras repetía a cada minuto: ‘eres fake news (noticias falsas)’, ‘soy un genio estable’, ‘no hay colusión’.
Los carteles también eran muy elocuentes, e iban desde los que lo acusaban de racista, misógino y negador del cambio climático, hasta uno en que se le pedía que dejará libre a Melania.
Durante su primera visita de Estado al Reino Unido, el mandatario norteamericano no solo provocó el descontento de los grupos pacifistas, ecologistas, feministas y de izquierda del país, sino que se convirtió en un huésped incómodo para el Gobierno conservador, por sus constantes interferencias en la política doméstica y sus diatribas contra el alcalde de Londres.
La víspera desató un pandemónium cuando afirmó en una rueda de prensa que el sacrosanto sistema de salud pública británico entraría en las negociaciones del acuerdo comercial que firmarían Estados Unidos y el Reino Unido, una vez que se concrete el Brexit.
La avalancha de críticas, entre ellas las de varios candidatos a relevar a la renunciante primera ministra, lo obligó a retractarse este miércoles de sus declaraciones.











