No recuerda nada. Fue como si aquella noche no existiera en su vida. Solo sabe que amaneció desnuda junto a un extraño en un lugar desconocido. Su memoria se detiene en el instante en el que, en un centro nocturno, un chico le brindó un trago… y ella accedió.
Aunque parezca increíble, muchas jóvenes son víctimas de la sumisión química, impuesta por alguien para aprovecharse de la situación. Inescrupulosos que prefieren la vía fácil para llevar a una mujer a la cama, porque son incapaces de enamorar a través de los métodos tradicionales, en los que palabras, gestos y acciones puras, pueden cautivar al sexo opuesto.









