El 25 de noviembre de 2016 fue un día triste. El pueblo de Cuba perdía a Fidel Castro Ruz, uno de sus hijos, por ley natural. Quizás el que nunca debió irse. El que desde muy joven se entregó por entero a una causa justa. El que luchó hasta el último minuto de su vida por un mundo mejor. Quien supo siempre de qué lado está la verdad y unió a los pueblos de Latinoamérica como lo soñó Martí.









