Jagüeyense que se respete la conoce, gracias a que por más de cinco décadas le ha aportado al municipio resultados en la economía y numerosos beneficios laborales y comerciales.
Hoy, cuando la exportación de productos, jugos y frutas son tan necesarios, la Empresa Agroindustrial Victoria de Girón se recupera de las plagas y del mal tiempo para continuar con su propósito de captar divisas para el país.
Recorrer sus campos y comprobar sus adelantos en todos los aspectos, impulsa a sus trabajadores a exigirse el doble para próximas cosechas.
PASOS FIRMES Y HACIA ADELANTE
Con 51 años de experiencia, la Victoria de Girón cuenta en la actualidad con 500 kilómetros cuadrados (km²) de extensión de cítricos; áreas frutales de mango y guayaba; 14 hectáreas (ha) de casas de cultivo, con una producción que oscila alrededor de 2 000 toneladas (t) de pepino, pimiento, melón y tomate. Se suma la producción de leche, huevo, carne de cerdo y de res, en los municipios Pedro Betancourt, Unión de Reyes, Jagüey Grande y Calimete, todos ellos con destino fundamentalmente a los polos turísticos del país, con mayor énfasis en Varadero y la capital.
En el orden de las exportaciones, el plan del pasado año culminó con más de 38 000 CUC de ingresos. Para el 2019 el propuesto resulta superior, pues el polo exportador se consolida con diferentes empresas del propio territorio y de provincias vecinas.
Según Humberto Suárez Sotolongo, su director adjunto, el 2018 dejó un buen sabor. Además del cumplimiento de los planes previstos, fueron reconocidos con un premio en la Feria Internacional de La Habana, gracias a la calidad indiscutible de los jugos concentrados y el Premio Provincial de Innovación.
SOBREPONERSE A LAS PRUEBAS
Los nacidos en el sureño municipio recuerdan el periodo de máximo esplendor de las cosechas, que luego se vio marcado por una insuficiente producción y disminución drástica de las plantas.
«En 2007 se reportó en Cuba la enfermedad Huanglongbing o HLB de los cítricos, bacteria que obstruye los vasos conductores del floema, trayendo consigo un deterioro progresivo de las plantaciones. A partir de este momento, la empresa rediseña todo un sistema de estrategias y comienza con siembras cítricolas para una duración de 25 a 30 años. Se tiene en cuenta un marco de plantación más estrecho con mayor densidad de población, o sea, de 312 plantas a 592 por ha.
«Gracias a la experiencia de los productores se comprobó que con un riego eficiente y una alimentación adecuada, resulta posible contar con cítricos de niveles productivos altos y rentables», explica Humberto.
Con una mirada optimista, por tres años consecutivos la empresa sembró 1 000 ha, al tiempo que prescindieron de plantaciones antiguas para eliminar el vector transmisor de la enfermedad con un manejo más estricto y seguido.

Además de la actividad citrícola, incursionan en la ganadería, la obtención de cultivos varios, y en especies de tapado y frutales.
¿Y DÓNDE ESTÁ LA NARANJA?
Ante la interrogante de muchos, teniendo en cuenta la ausencia del cítrico, Suárez Sotolongo explica que «su finalidad está orientada a los jugos concentrados con vista a las exportaciones y a satisfacer al turismo, como es el caso de la lima persa, que se cubre una parte con frutos frescos y otra con jugo.
«En el caso de la naranja, al existir un decrecimiento en las producciones, no satisfacemos todas las necesidades del mercado nacional. Esto ha llevado a la diversificación de la empresa, es por ello que se introducen el maracuyá, la piña, y el mango, que en 14 variedades le otorgan a los jugos un sabor único».
LOS CITRICULTORES ESTÁN “ESCAPA´OS”
A pesar de algunas vicisitudes a lo largo del camino, los citricultores encuentran vías alternativas para producir. «La línea de producción de mango contaba con una tecnología italiana de un elevado consumo de agua y energía a la que se realizó una modernización total: el consumo en estos momentos es a vapor, y de los 25 motores que gastaban tanta energía en el proceso productivo solo quedaron cinco, que ofrecen productos de la misma calidad y con maquinarias sin peligro para la vida de los trabajadores.
«Al mismo tiempo, intentamos incluirnos en el proceso de informatización del país: digitalizamos pesas, automatizamos el frigorífico ubicado en Matanzas, y en colaboración con GeoCuba, gracias a vuelos de drones que permiten una mayor exactitud a la hora de la siembra, localizamos puntos de referencia y marcos de plantación», culminó Humberto.
Contar con la mayor extensión de tierras destinadas al cítrico y una parte considerable a las frutas, constituye un orgullo para los matanceros y, sobre todo, para los que crecimos rodeados del aroma que desprendían: si Jagüey nos dio limones…
POR ARLETIS ARANGO OÑA









