Salinas de Brito: Guardián de la belleza

Justo el día que conocimos a Idelfonso Bonachea, más conocido por Ildito, cumplía 28 años como guía en el Parque Nacional Ciénaga de Zapata. La pesca es su pasión, y aunque pasa una semana lejos de los suyos, nada disfruta más que el entorno tranquilo y majestuoso de las Salinas de Brito.

“Nací en San Lázaro. Allí me crié. Prácticamente no pude estudiar. Desde mi niñez me dediqué a trabajar, aquel lugar lo recuerdo con nostalgia porque tenía muchos animales, vacas, puercos, mi caballito. Estudié después de grande en las noches. Llegué hasta noveno grado.

“Antes del Triunfo de la Revolución para salir o entrar a San Lázaro solo existía un trillito. La comida la adquirías a crédito en una bodega que quedaba en Guamutal. Pero para otras gestiones como ver un médico había que viajar hasta Jagüey Grande, cosa que te tomaba tres días, en lo que ibas y regresabas. Salíamos en una guagüita de línea. Te pasabas más de un año sin regresar a Jagüey.

“Después del 59 llegaron los caminos hasta San Lázaro, y en una vieja casa de un americano que venía en algunas temporadas a cazar venado, construyeron una escuela, una tienda, y un círculo social. Allí íbamos los fines de semana a darnos los traguitos.

“Luego me alistaron para el servicio militar. Al poco tiempo me hago novio de la mujer que tengo aun hoy, y construí mi casita en Buenaventura.

 Salinas de Brito

“Aquí en las Salinas empecé el 18 de octubre de 1988. Justo hoy hace 28 años. En aquel tiempo aquí solo había una casita que remodelamos de una vieja cisterna construida por el señor Brito, antiguo dueño de la zona. Inicialmente era un centro de guardabosque.

“Luego construimos otra de madera, de dos pisos, para lograr más ventilación y combatir los mosquitos. Teníamos un viejo radio Selena donde escuchábamos música en las noches para combatir la soledad. Más tarde construyeron la edificación actual de dos plantas y de mampostería.

“Con el tiempo incursioné en la modalidad de pesca deportiva. La fama de las Salinas no solo se debe a la presencia de las aves migratorias. Muchos turistas aseguran que es el mejor lugar del mundo para la pesca deportiva del macabí, el sábalo y la palometa.

“Como guía de pesca debo conocer bien las áreas donde se encuentran los peces. Y saber guiar la lancha con palanca, que es un arte. No puedes hacer ruido, ni voltear la lancha.

“El macabí es la captura preferida de los aficionados a la pesca deportiva. Llama la atención como a pesar de su pequeño tamaño “se faja” tanto con el pescador. Es un pez de apenas cuatro libras y puedes pasar hasta 12 minutos para sacarlo del agua. Siempre se devuelve con vida, y se evita que sufra algún trauma.

 

“El trabajo aquí es muy atractivo. Como guías del Parque Nacional permanecemos siete días y descansamos otros siete. Me gusta mucho estar aquí. El aire puro, las aves, fíjate que tengo 67 años pero no he planificado el retiro. Además, ha mejorado mucho nuestras condiciones de vida. Desde aquel primer rancho a esta casa de dos plantas con paneles solares y hasta televisión, el cambio es enorme.

“La tranquilidad reinante me fascina. En el pueblo cuando no pasa un panadero, pasa un bicitaxi amplificando la música, aquí solo reina la brisa y el canto de las aves.

“Nosotros somos los protectores de esta área. Monitoreamos los manglares, la nidificación de las aves, también eliminamos la casuarina. Lo que si no me agrada mucho son los cocodrilos. Prefiero mantenerlos a raya.Con 67 años me siento con fuerzas suficientes para permanecer aquí muchos años más.(Tomado de Girón)

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