Rolando Estévez Jordán, Premio Nacional de Diseño 2010, se ha convertido, tras varias décadas de trabajo intenso y creación singular, en uno de los principales referentes artísticos de Matanzas. La urbe de ríos y puentes conmemoró el pasado 12 de octubre el 325 aniversario de su fundación, mientras que el poeta, en perfecta conjunción con su fundamental inspiración, también celebra 45 años de vida artística este 2018.
Diseños escénicos suyos han recibido varios reconocimientos nacionales y su quehacer resultó fundamental para darle a Ediciones Vigía la visualidad y el prestigio que la caracterizan a nivel mundial. En la actualidad dirige la editorial artesanal El Fortín, fundada por él.

Por su impacto en el quehacer artístico de la Atenas de Cuba, el pasado mes de octubre recibió, junto a otras personalidades e instituciones, el premio Vitral de mi ciudad. Este resultó justificación perfecta para acercarnos al artista y conversar, entre otros asuntos, sobre su relación con la urbe que el sueña nombrar como “Bellamar”, Ediciones Vigía y la actualidad del arte nacional.
-Este premio llega a sus manos cuando celebra, en este 2018, 45 años de vida artística, ¿cómo interpreta este homenaje?
-Yo he tenido el placer de disfrutar de disfrutar de algunos premios, y cada uno de ellos representa un compromiso. Ellos no son solo un estímulo a lo que uno hace, son un incentivo para mantenerte vital, orgánico; son un estímulo a mantenerte diciendo las cosas que la gente necesita escuchar y trabajando en función de ello.
“Este es un premio que me lo otorga la ciudad, y entre mi ciudad y yo existe una complicidad grande. Somos codeudores de muchas cosas desde el punto de vista espiritual. En esta ciudad hago mi obra, por tanto, el compromiso es doble. Es un compromiso que me ata a ella, y que me obliga a seguir diciendo las cosas que creo debo decir.”
– ¿Cómo confluye en Estévez ese sentimiento que los habitantes de esta urbe llamamos matanceridad?
-La matanceridad es un concepto muy complejo. Por ejemplo, ese término no existe ni en Santiago de Cuba, ni en Holguín, ni en Pinar del Río, a pesar de que son ciudades que poseen mucha grandeza; son ciudades que poseen un enorme acervo cultural.
“Pero Matanzas tiene un microclima. Algo que la aísla del país. Luce como una pequeña isla en el panorama de la isla grande. Esa característica ha influido en su desarrollo literario y de las artes plásticas. En cómo eso nos llega desde el siglo XIX, junto al desarrollo de todo un pensamiento creador diferente.
“Todos esos elementos desde el punto de vista cultural han ido forjando un microclima y una manera de hacer «a lo matancero». Si comparas productos artísticos de otra parte de Cuba con los de aquí, podrás descubrir un sello, una manera distinta de comunicar. Eso incide en la personalidad del matancero: en cómo no tenemos portales; de no salir a la calle; en la manera en que la ciudad «se duerme» después de las seis de la tarde. Hay muchas características que coadyuvan a que tengamos un sentido muy especial, a que nos comportemos diferente.
“Cuando salgo de Cuba a la semana estoy pensando en volver. La isla me ancla. Pero sobre todo me atrae esta ciudad. Y creo que es vivificante crear en el mismo sitio donde lo hizo mucha gente buena: Milanés, Plácido, Carilda, Digdora, Víctor Manuel o Ponce…y eso verdaderamente me atrae. Cuando llego y vuelvo a cruzar el Parque de la Libertad o la plaza de La Vigía siento que estoy siendo quien debo ser. Cuando salgo de Cuba voy a exponer lo que hice aquí, en esta ciudad, y eso es una retroalimentación muy importante.”
-Usted ha declarado que todo su arte nace a partir de la poesía, ¿aún hoy defiende ese sentimiento?
-La poesía no es un género literario, es una magnitud. Lo abarca todo. Un juego de pelota puede ser muy poético de la manera en que se desenvuelva; una caída de sol puede ser muy poética, pero una relación humana también, y un poema, por supuesto.
“Yo siempre he defendido ser poeta antes que todo. Ser poeta incluye a las fibras del sentimiento y las de las relaciones humanas. Nuestra relación con la religión, con la sociedad. La poesía abarca todo eso. Es una telaraña compleja que te agarra todas las cosas.”
– «Café de la Vigía» es un cuaderno de poesía que nos invita a viajar por el centro histórico de esta ciudad que tiene «sanguinario nombre de mujer», ¿qué influjo ha tenido Matanzas en sus múltiples creaciones?
– «Café de la Vigía» es un retrato de la ciudad, pero no es un retrato fotográfico. Es un retrato anímico. Fue lo que pretendí: hacer un retrato interno.
“Ahí conviven muchas alegrías y dolores. El hotel Ríomar, que ya no existe, y los buldóceres que sacaron sus restos hacia el San Juan; el Palacio de Junco y Pedro Esquerré, que no dejó que lo tumbaran; aparecen personajes como Jesús Gallardo, el escultor maravilloso; hay calles, edificios y sentimientos vistos desde adentro del entorno de la ciudad, que es privilegiado.
“Esta ciudad es muy importante por el entorno que posee: esa bahía, los tres ríos que la surcan. Es una ciudad muy distinta, con un ánimo singular, lo que permite que surja un ciudadano de otro tipo. Un ciudadano que se conecta con el agua dulce y con el agua salada, con lo bucólico. No por gusto Matanzas es capital folclórica del Caribe. Aquí tenemos tres barrios —La Marina, Simpson y Pueblo Nuevo— que portan todas las religiones que llegaron desde África, sobre todo, las cuatro fundamentales: la Ocha, Ifá, Palo Monte y los náñigos. Esas culturas están vivas dentro de la ciudad, y eso crea otro tipo de relación, y contrasta con la existencia de católicos, protestantes, y una casi inexistente ya, presencia china.
“Es una ciudad híbrida, muy mezclada, muy cubana, pero muy única también.”
-Ediciones Vigía es todo un orgullo para los matanceros, y es… ¿cómo una hija para usted? ¿Cuánto debe a Vigía y a las mujeres, capaces de «iluminar 200 veces la luna que yo solamente iluminé una vez»?
-Ediciones Vigía la fundó (Alfredo) Zaldívar y yo a su lado. En sus inicios fue un espacio para que publicaran los jóvenes que no tenían en el año 1985 donde publicar. A pesar de que la década del 80 fue, a mi entender, la más próspera en este espacio marcado por la Revolución, eran complejas las situaciones editoriales.
“Ahí le brindamos a los jóvenes la oportunidad de publicar en una editorial, que ni nosotros mismos lo sabíamos, era única en el mundo. Distinta completamente, por los materiales que empecé a usar; por la manera de evocar la plástica ligada a la literatura, como un matrimonio. Fuimos haciendo una mezcla que devino en un libro objeto, y, por lo tanto, no sabíamos que estábamos creando algo más grande que nosotros mismos. Ni está él (Zaldívar) ni estoy yo, y Vigía continúa existiendo, porque creamos algo potente, interesante.
“Y allí hay que reconocer a las artesanas, que son capaces de repetir lo que tú haces. Repetirlo con gracia, aportándole su pequeño grano de arena, y haciéndolo 200 veces. Por eso cada libro de Vigía, o de El Fortín, es un original múltiple.”
-Y además tiene un hijo adolescente: El Fortín, un proyecto en el que «no existe tiempo disponible para el descanso» …
-Yo sigo agradeciéndole a Vigía porque El Fortín no es un apéndice, es un continuador. Si El Fortín en cinco años se ha convertido en un adolescente es porque yo vengo de allí. Vigía le dio salida a todo un universo creativo. Allí hice, creé, me nutrí, y conmigo arrastré esa savia hasta El Fortín.
“No obstante, en mi confluyen muchas cosas distintas como creador. En primer lugar, la poesía, y después la plástica y el teatro. Esa mezcla de sentimientos artísticos han dado con el producto de lo que yo soy, de lo que puedo hacer, y eso se expresa en El Fortín.
“¿Qué lo distingue de Vigía? En que la tirada es más pequeña y me ofrece la posibilidad de potenciar la parte plástica, lo visual del libro y de convertirlo, también, en una expresión de literatura y artes plásticas. Además, me ha servido para iniciarme como editor, trayendo esa experiencia de trabajar con grandes editores en Vigía como Alfredo (Zaldívar) o Laura Ruiz.”
– ¿Cree usted que este renacer cultural que percibimos en la ciudad, con motivo del 325 aniversario de su fundación, ha llegado tarde?
-No ha llegado tarde exactamente, lo que creo es que ha sido muy esperado. Mi miedo es que la ciudad se revitaliza, desde el punto de vista constructivo, y que la revalorización espiritual y artística se quede atrás. Mi miedo es que estemos salvando, y levantando edificios, y que no logremos salvar la parte anímica de la ciudad.
“Creo que Matanzas debe crecer. Artísticamente es una gran ciudad, en la que conviven muchos premios nacionales, pero creo que el aparato logístico de la cultura necesita crecimiento y necesita ponerse a la altura de esos artistas que hoy defienden la cultura en la urbe.”
– ¿Existe algún riesgo de que se reduzca el valor artístico de las expresiones culturales yumurinas con la intención de acomodarse a requerimientos comerciales tras la declaración de Matanzas como Destino Turístico?
-Eso depende de las estrategias que tomemos. Es muy importante el diálogo. En todo esto que está pasando en la ciudad se necesita dialogar. Hay que conversar con la UNEAC, con el Consejo Asesor para el Desarrollo de la Escultura Monumentaria, con los artistas, con los escritores, con los habitantes de la ciudad que son, en definitiva, quienes la hacen cada día.
“Al convertirnos en destino turístico vamos a tener que ofertar productos que respondan a esa demanda. Estos pueden ser de muy alta calidad: la danza, la música; lo que la estrategia tiene que llevar a que se conozca también a los buenos escritores, los buenos músicos, a los grandes coros, a los grupos de danza y a todo aquello que conforma un producto artístico más intelectual, mucho más elaborado, mucho más orgánico y grande.
“Son muchas las decisiones: ¿Qué le vamos a ofrecer a los turistas? ¿Dónde? Tenemos que lograr que el visitante se lleve una visión completa de lo que es la grandeza cultural de esta ciudad. La grandeza cultural que hemos construido desde hace más de tres siglos, y que podemos ofrecerla, pero defendiéndola, sin rebajarle ningún piso.”

-Usted ha sido un abanderado de la fusión, ¿qué importancia tiene para usted la no existencia de fronteras?
-El arte, desde principios del siglo XX, camina por la ruptura de fronteras. ¿Qué es la instalación surgida en los años 50 sino la unión entre pintura y escultura? ¿Qué es el performance sino la unión de pintura, escultura, música, teatro?
“La fusión es solidaridad. Por ejemplo, cuando enfrento un performance y debo buscar a Liliam Padrón para que me ayude con la danza y a un músico que me asesore, estoy solidarizando las artes. Creo que ahora hablamos de manifestaciones artísticas, en el futuro solo se hablará de arte. El arte será uno solo y abarcará todas estas manifestaciones.
“La fusión es convergencia inteligente y depende de la necesidad de organización entre las artes, de unidad espiritual. Hoy muchos de los músicos jóvenes «hacen fusión» y eso puede ser peligroso. La fusión lleva elementos de contenido. Que me pida el arte como yo quiera que sea, con las mezclas, con las unidades que necesito para ser potente, sino, es moda.”
– «El arte debe ir hacia la confluencia de todas las miradas y los lenguajes; no tiene otro camino», vaticinó en una conferencia. ¿Cómo defender hoy un verdadero arte convergente en un escenario mediado por influencias externas y algunos vacíos nacionales?
-Lo de las influencias foráneas ya es un hecho. Hay muchos grupos musicales que suenan igual, pero realmente no le debemos temer, porque aparejado a eso hay en Cuba un arte fuerte, híbrido, que dignifica a la nación, que dignifica el sistema de pensamiento de la nación, y que lo hace caminar hacia un rumbo determinado.
“A mí siempre me ha interesado hacer un arte que cumpla con los estatutos intelectuales que necesita, pero que le guste y le llegue a la gente. Cuando hago un libro de El Fortín estoy pensando en hacerlo con la mayor altura intelectual que pueda, pero, a la vez, que esa altura intelectual sea capaz de entrar dentro de la gente, en el gusto del poblador medio de un lugar cualquiera. Me gusta hacer del público un partícipe del acto creativo.
“También vivimos en un momento económico muy complicado y quizás, por cumplir con mecanismos económicos, dejamos de privilegiar espacios y mecanismos culturales. Por ejemplo, las Ferias del Libro son buenas, son grandes, pero tienen que sufrir una transformación. Necesitamos más libros de verdad y menos «calibache», y quizás hasta menos gastronomía. Necesitamos menos libros que no sabemos si van a complementar la educación de nuestros niños. Vivimos bajo muchas presiones, pero el mundo entero también sufre estos problemas. Un país como el nuestro, que ha hecho una Revolución que dignifica la cultura, ante todo, tiene que mantener esa línea de calidad.
“Yo nunca subvaloro a la gente. El público siempre sabe cuándo le pasan gato por liebre. Por eso, valorizar cada día lo que somos, a partir de lo que fuimos y de lo que sabemos que queremos llegar a ser, va a convertirnos en mejores intelectuales.”
-En octubre sesionó en La Habana el III Congreso de la AHS, ¿cómo valora al relevo? ¿Es el arte joven intencionadamente cubano en tanto irreverente y atrevido?
-Nunca le he tenido miedo a la juventud. La edad que tengo no me lacera, al menos hasta ahora. Mis contactos siempre han sido con los jóvenes: cuando yo era adolescente me gustaba codearme con los artistas más viejos, y ahora dependo más de lo que dicen los jóvenes. Los cursos que imparto en la sede de la ACAA matancera me ayudan a tomarme la temperatura como artista. Creo en los jóvenes y creo que sí nos tienen en cuenta, que somos importantes para ellos. Confrontar con la juventud es un ejercicio de crecimiento.
“Por estos días concluyó en la ciudad el DanzanDos y el 90 por ciento de las coreografías presentadas estuvieron realizadas por jóvenes, por grupos noveles de creadores, del ISA, de otros lugares, y lo dije, estamos viendo una parte importante de la danza cubana del mañana. Son muchachos que con 18 y 19 años ya están haciendo arte.
“Pienso que nuestro mecanismo debe ser de solidaridad también. Las generaciones son eslabones de una misma cadena. No vamos a romperla. Yo creo que la intención debe ser transmitir lo que sabemos, y al mismo tiempo, alimentarnos de lo que están haciendo, y así vamos a lograr un arte único.
“Yo creo que hay de todo, y depende de las manifestaciones en este caso. En la música, por ejemplo, hay mucho lenguaje foráneo, hay mucha igualdad. Le comentaba hace poco a Marta Valdés sobre la masividad que no nos deja ver lo que diferencia a una agrupación de otra. No obstante, creo que el tiempo depura y hará que los artistas pasen por un tamiz cada vez más fino y trascenderán los que realmente estén haciendo arte con un fundamento cultural claro.
“La Catedral, la Caridad del Cobre o el Chevrolet del 56 pueden convertirse en punto de partida para un buen arte, aunque ahora mismo son inspiración para un arte comercial, para postales vacías. La inspiración en lo nuestro tiene muchos puntos. Fabricar un producto nuestro, nuevo, distinto, tiene muchas columnas de apoyo, la cosa está en ver cómo traducimos eso en arte para que sea un verdadero material que nos caracterice que verdad, que no se quede en la epidermis. Que vaya hacia la entraña de la nacionalidad cubana.”
(Gabriel Torres Rodríguez)









