Todos estaban reunidos en la conmemoración, eran agasajados los maestros en el marco de la Jornada del Educador en la Escuela Pedagógica Roberto Coco Peredo del municipio de Colón.
Casi al final de la gala llegó el momento de reconocer a los estudiantes más integrales, aquellos que son el futuro del magisterio en Cuba, quienes llenarán de conocimientos las aulas de este terruño. Pensé que sería como cualquier entrega de diploma, pero no podía estar más equivocada.
Cuando mencionaron su nombre caminó hasta el escenario del teatro y en medio de los aplausos de maestros y compañeros de estudio, lo vi recibir su diploma con un mar de lágrimas que brotaban de sus ojos.
Rápidamente me acerque a la directora del centro. ¿Cómo es el nombre de ese estudiante?, pregunté. Ella me respondió con una sonrisa, ese es Abelito. Abel Alejandro Comas Flores, agregó, y está en último año de la carrera.
Debe ser un estudiante ejemplar pensé, si la directora recuerda su nombre completo en un centro con matrícula de casi 1000 alumnos, debe ser porque es bueno, no me caben dudas.
Esperé ansiosa el final del acto. Salí entre los primeros y me atrincheré en la puerta del teatro, no podía perderlo de vista. Venía de la mano de la directora, creo que ella intuyó la entrevista.
Luego de las presentaciones fuimos a un sitio apartado, un lugar donde el silencio me permitiera escudriñar en el maestro que será Abelito, en esa persona que es capaz de emocionarse cuando ve reconocido el esfuerzo en cuatro años de estudio.
No quiero decir que fue una entrevista, es mejor no encerrar en esquemas aquella conversación. Lo considero más como un momento enriquecedor, la oportunidad de sentir confianza ante el futuro de la educación en Cuba. Y es que cuando uno conoce a personas como Abel Alejandro, quien cursa el cuatro año de Maestro de educación primaria, tiene la sensación de ver asegurado el futuro de nuestros hijos.
¨Yo me sentí maestro desde la primera vez que pude escribir en una pizarra. Me encantan los niños, me gusta enseñar, y este centro me ha dado esa oportunidad. Ser un buen maestro abarca muchas cosas. Debes ser padre, amigo, compañero, hermano. Y esa es mi meta, ser un buen maestro¨.
Pude ver tu emoción al recibir el reconocimiento como alumno ejemplar. Realmente estoy sorprendida.
¨Ese reconocimiento es muy grande para mí. Se ve reflejado todo cuanto he trabajado en estos cuatro años de clases, y también la confianza que han depositado en mí los profesores¨.
Hace poco tiempo tuviste el privilegio de participar en un evento nacional, un festival de clases. ¿Cuánto le aportó ese encuentro al maestro que deseas ser?
¨Ese evento fue una oportunidad increíble. Allí tuvimos la oportunidad de compartir con la Ministra de Educación Ena Elsa Velázquez Cobiella. Ella nos hizo reflexionar sobre lo importante que es ser maestro en Cuba. Somos los seguidores del ejemplo de Martí y de Fidel, eso se ha quedado grabado en mi persona y forma parte también del inmenso compromiso que tengo de llevar la educación bien en alto¨.
El próximo año terminas tu carrera y debes incorporarte a laborar en algún centro escolar de este municipio. ¿Qué regalos te llevas de quienes han sido tus maestros?
¨Estos 4 años han sido de un aprendizaje constante. Me llevo muchas enseñanzas que debo aplicar como maestro y también en lo personal. He aprendido de metodología para impartir clases, de pedagogía y psicología para llegar a los niños. Pero sin dudas el mejor regalo que llevo conmigo son las ansias de continuar superándome, solo así podré llegar a ser un maestro a la altura de lo que necesitan nuestros niños¨.
¿Cuáles son las metas que Abel Alejandro tiene para el futuro?
¨Cuando culmine mis estudios debo incorporarme a trabajar en alguna escuela primaria. Sé que lo haré con amor porque es mi vocación. Pero me iré con la ilusión de regresar un día a esta escuela y en las mismas aulas donde aprendí como se es un buen educador, regalar a otros estudiantes los conocimientos que un día me obsequiaron todos mis maestros¨.
Y salí de allí con un buen sabor de boca, confiada en que la educación en Cuba está segura con quienes aún desde las aulas, son el revelo de los educadores longevos que han regalado una vida entera a la enseñanza. Me quedo feliz al saber que aún existen jóvenes como Abelito que se emocionan, que confían y que trabajan por ser cada día mejor.










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