Ya se alistaba la gran escena del famoso Teatro Sauto. Era vox populi que Matanzas celebraría el 26 de Julio, Día dela Rebeldía Nacional, con su fastuosa reapertura, luego de tres años a merced de una restauración capital, la primera de esa envergadura después del Triunfo de la Revolución, capaz de devolverle toda la majestuosidad al coliseo de La Vigía.
En ese hervidero de tensiones y acoples necesarios, las pupilas de René Dámaso Almendaríz Bordüy debieron “enfocar” otros ángulos, tal vez diferentes a los que precisaban de su trabajo anterior en la fábrica de fertilizantes nitrogenados Cubanitro, donde una intoxicación provocada por sustancias ácidas le impidió continuar enmendando averías en cables energizados.
“Me estrené como electricista del Teatro el 10 de julio de 1969, pe ro al poco tiempo me fui introduciendo en el mundo de las luces, bajo la tutela de Gilberto Zayas Ramírez graduado de instructor de arte y titular de esa actividad”, comenta Pirolo, un mote que el abuelo le estampó desde la infancia, y que llevará hasta el fin de sus días, porque sin querer tiene mucho de artístico.
“Como siempre estábamos juntos, me sabía los montajes que él realizaba, de manera que en su ausencia asumía con total responsabilidad la función de luminotécnico. Recuerdo con especial agrado y porque resultaron una especie de escuela , las funciones del grupo lírico de Matanzas y los consejos de experimentados maestros de la escena como Néstor González y Alberto Dávalos, este último, su director.
“Para mí constituía un privilegio la confianza de que Zayas me hacía cumplidor. Y la aprovechaba para conocer más de iluminación teatral, especialidad difícil, pues hay que saber de fotografía, colores, escenografía, electricidad…
“Entonces, las tonalidades se lograban a base de chucho y catao, técnica muy rudimentaria al no existir los dinmer (reóstatos) que regulan la intensidad de las luces. Esa tecnología la tuvimos a partir de 1988”.
SENTIR POR EL SAUTO
Si bien las más relevantes restauraciones después de 1959 (1963-1966 y 1984-1988, sin incluir la que aún no ha concluido) han propiciado mejoras tecnológicas, siempre ha sido importante hallar alternativas para ofrecer al público y a los propios artistas una escena óptima.
“Ante la escasez de gobos (figuras que se proyectan) mi hermano Ismael y yo decidimos reproducirlos, incluso, con más calidad que los originales. Presentamos la innovación en el Fórum de Ciencia y Técnica y ganamos premio a nivel nacional. Los actuales equipos poseen luces inteligentes, cuya programación automática ahorra esfuerzos humanos, cosa que antes ni soñábamos.
“Contamos con una consola digital de cuatro universos, cada uno de 512 canales, que se estrenará con la reapertura del Teatro. Por eso ahora se exige hasta nivel universitario para desempeñarse en este rol. De ahí que haya sido imprescindible superarme para do-minar la tecnología. En este sentido he recibido el apoyo de Daniel Mejías, joven colega con gran autoridad no solo de las luces, sino también del audio. Aunque ya tengo mi relevo, Magdiel Abascal, aquí me moriré”.
De pequeña estatura, lo cual le granjea ágiles movimientos, y dotado de una hiperactividad nada común a sus 70 años, Pirolo confiesa que el Sauto significa su propia casa, el hogar donde se siente a gusto y nunca ha abandonado más allá de tentadoras propuestas.
“El Sauto es mi vida, razón de ser. Aquí admiran mi trabajo porque me gusta complacer, respetar y ser respetado”.









