Todos los días escucho estos temas, y les aseguro que no es por mero placer, tampoco se trata de preferencia musical. Es que desde temprano me obligan una y otra vez a maltratar mis oídos con esas canciones denigrantes.
Sí, me obligan, porque aunque no me violenten para encerrarme en un cuarto oscuro con números Trap a todo volumen, lo hacen de una forma más sublime, pero agobiante igual.
Ahora la música no se consume solamente en los mp3, mp4 o los móviles personales. La música se comparte y se impone por toda la ciudad gracias a las bocinas portátiles que continúan entrando al país por diferentes vías.









