Las pretensiones del abuelo de que perdurara en el nieto la vocación militar del padre se diluyeron dentro del mundo de pasiones religiosas, científicas y patrióticas que colmaron el pecho de aquel joven habanero nacido un 20 de noviembre pero de 1788.
Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales, he ahí el nombre del sacerdote, maestro, escritor, filósofo y político cubano que se consagró a fomentar el independentismo, del cuerpo y alma, en los cubanos.
“Desearía ver a Cuba tan isla en lo político como lo es en la naturaleza, (…) Cuba no debe esperar ya nada de España…ni de nadie, debe liberarse por si sola”.
Un pensamiento que además de distinguirlo como forjador de la nación cubana, llegó con fuerza a muchos de sus alumnos. Dentro de ellos los reconocidos intelectuales y patriotas José Antonio Saco, domingo del Monte y José de la Luz y Caballero.
Pero Valera, el Padre Varela fue sin dudas un hombre de ciencias, un innovador que tiene el mérito de haber preparado el primer laboratorio de Física y Química en Cuba con el empleo de útiles e instrumentos (cajas galvánicas, tubos de ensayo, máquinas neumáticas, sistema planetario móvil) para el desarrollo del experimento científico.
Pedagogo por excelencia, le confirió especial importancia a los métodos de aprendizajes deductivos, contrarios a la repetición memorística.
“Aprender de memoria es el mayor de los absurdos, pues si falla la memoria falla todo lo estudiado, por ello la constancia en el estudio consolida los conocimientos”.
Así nació el primer Libro de Física de Cuba, volumen de la autoría del Padre Varela, el creador técnico que durante su estancia en los Estados Unidos inventó un aparato para el asma capaz de acondicionar el aire, librarlo de la contaminación ambiental y mantenerlo a temperatura uniforme.
Y en agosto de 1831 patentó una rueda que facilitaba el movimiento, preservaba el pavimento y no producía ruido, ya que sus elementos constitutivos, además de no estar soldados, interiormente estaban recubiertos de acero.
Por esa vida revolucionaria del presbítero cubano Feliz Varela Morales, cuyos restos descansan hoy en una urna en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, desde 1981 el gobierno de la República de Cuba crea la Orden Félix Varela, la más alta distinción que se le otorga a cubanos y extranjeros, además de colectivos culturales en reconocimiento a sus aportes extraordinarios en favor de los valores imperecederos de la cultura nacional y universal.









