La decisión de un grupo de senadores de aprobar de manera irregular, o ilegal, llevar a cabo una enmienda constitucional para aplicar la reelección presidencial fue la culminación de una controversia social y política de larga data y el detonante de hechos lamentables.
Una protesta por esa acción desembocó primero en una fuerte represión policial, después en un incendio provocado en el edificio del Congreso iniciado por elementos antisociales infiltrados y, por último, en el asesinato a mansalva de un joven dirigente liberal.
Eso fue de la tarde-noche del 31 de marzo a la madrugada del 1 de abril, frente a la sede del poder Legislativo y posteriormente dentro de la propia casa del Partido Liberal Radical Auténtico, la segunda fuerza del país.
Esta fue asaltada por efectivos de seguridad y uno de ellos disparó a quemarropa contra el joven sin que aún se conozcan los resultados de las investigaciones, tal vez porque quienes ordenaron la irrupción tienen el suficiente poder como para ocultarlos.
Ante el rumbo que tomaban los acontecimientos, el presidente Horacio Cartes desistió de su intento reeleccionario y convocó a un diálogo de todos los elementos de la política y del orden congresal, cuyo titular en aquel momento, Roberto Acevedo (liberal él), era un vigoroso opositor del Ejecutivo. La Iglesia católica era la encargada de conducir las pláticas, pero todo fracasó, hubo apenas un conato de reunión y luego más nada, cero.
Y aquella polvareda levantada se fue diluyendo poco a poco hasta quedar de pronto totalmente difuminada, como para confirmar que el tren de la ‘democracia’ retornó a sus rieles y enrumbó nuevamente por cauces normales.
Así, volvió a centrar la atención el proceso electoral, con proselitismo ‘pictórico’ adelantado, fuera del tiempo estipulado en la ley (otra ilegalidad) con vistas a los comicios internos simultáneos de las organizaciones políticas a fines de año.
De esos sufragios salen los aspirantes definitivos de partidos, movimientos y alianzas para las elecciones generales del 22 de abril de 2018.
Entonces serán escogidos el presidente y vice de la República, los congresistas y parlamentarios del Mercosur, los gobernadores de los 17 departamentos y los concejales de esas instancias territoriales, en total 779 cargos en disputa.
Las miradas están puestas, sobre todo, en la gubernamental Asociación Nacional Republicana-Partido Colorado por su fraccionamiento, principalmente los bandos del oficialismo y la disidencia con fuerte lucha entre sí.
Honor Colorado es guiado por el jefe de Estado, quien designó a Santiago Peña para sucederlo en el cargo, tras dar por sentado que será el candidato de la agrupación y el ganador en la contienda del próximo año.
Por el otro lado, Colorado Añetete (real, en guaraní) es liderado por el senador Mario Abdo Benítez, quien a diferencia de su oponente está en campaña prácticamente desde 2016.
En otro ámbito, la corrupción siguió siendo palabra de orden en Paraguay, parece no existir en este país un solo sector donde ese mal no esté enraizado, aflore constantemente, se denuncie, se condene, pero casi nada pasa.
El problema del narcotráfico se mantuvo en el candelero en una nación considerada la mayor productora de mariguana en la región, con la agravante de la introducción cada vez más férrea de los tentáculos de bandas criminales brasileñas, con no pocos paraguayos en sus filas, que operan en el territorio nacional.
Esos grupos de extremo peligro se enfrentan por el control del tráfico de drogas y armas, con numerosas consecuencias letales no solo entre sus miembros, sino igualmente para personas que nada tienen que ver con el asunto, las llamadas víctimas colaterales de toda guerra.
Los crímenes de todo tipo, desde pasionales hasta la conclusión de violaciones sexuales, durante robos o simples discusiones acaloradas, con protagonistas vencidos sus sentidos por estupefacientes o alcohol, integran ese universo de violencia que en Paraguay, cómo bien se dice, es ‘el pan nuestro de cada día’.
En otros contextos del acontecer, el fútbol acaparó como siempre lo más destacado del deporte, pero con la variante de una exacerbada violencia que ya no solo se limita a las inexplicables peleas callejeras entre hinchas tras la conclusión de algún partido.
Porque también estalló en un estadio apenas comenzado un choque, en el cual barras bravas de un mismo club se enzarzaron en una verdadera batalla campal que rebasó a las fuerzas del orden y, milagrosamente, no cobró vida alguna, solo heridos, pues hasta disparos de armas de fuego sonaron en las gradas del recinto.
Sin embargo, siguió siendo el balompié noble pasión de la mayoría, con apoyo ensordecedor a su selección nacional o los equipos involucrados en las dos copas continentales, la Libertadores y la Sudamericana.
También -algo más desbordada- para los onces de su preferencia en los torneos domésticos, Apertura y Clausura, ganados respectivamente por Libertad y Cerro Porteño.
La nota decepcionante y dolorosa fue la imposibilidad de clasificar en las eliminatorias continentales hacia el Mundial de Rusia 2018. Y eso fue motivo de luto nacional.
*Corresponsal de Prensa Latina en Paraguay.
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