El reclamo de los marchistas está acompañado por un manifiesto de 10 puntos a través del cual piden rutas para el ciclismo, aumento del transporte público y mayor seguridad para los transeúntes.
Los ambientalistas se cuestionan la demora en la toma decisiones en esta para cambiar la forma de movilidad en Roma, comparada con otros países de la región, mientras el aire está más contaminado y los movimientos de las personas son cada vez más insoportables por la cantidad de autos.
‘Creemos que Italia debe trabajar intensamente en el cambio de sus hábitos de conducción’ según Paolo Bellino, portavoz de la red #salvaiciclisti.
Por su parte, el jefe de la campaña de transporte de Greenpeace Italia, Andrea Boraschi, apuntó que su organización apoya esta movilización porque ‘las ciudades deben ser lugares dedicados a las personas y no a los autos’.
La movilidad, acotó, debe ser compatible ‘con nuestra salud, nuestra seguridad, nuestra necesidad de sociabilidad, con el medio ambiente y el clima. Mientras el derecho a viajar esté garantizado y satisfecho principalmente por un automóvil privado, esto no será posible’.
El uso compartido de autos y bicicletas en Italia creció un 50 por ciento y alcanzó a 18 millones de personas en los últimos tres años, según un reciente informe del Observatorio Nacional sobre movilidad compartida.
Solo en 2017 ese servicio creció un 147 por ciento, pero más de dos tercios de las bicicletas compartidas circulan en solo cuatro ciudades, Milán con el 44 por ciento, Torino el 13, Florencia ocho y Roma cinco.
Italia, apuntó el estudio, es la nación europea donde se vende la mayor cantidad de vehículos movidos con diésel, y además donde circulan los más antiguos de la región, con casi 20 años de edad promedio.









