Junto a su viejo carretón recorre las calles en medio de la madrugada, cuando los portales aún duermen. Las ruedas gastan su eco en las calles, mientras la escoba atraviesa alcantarillas, esquinas… soñando una senda libre de papeles estrujados por la inconciencia.
Se levantó temprano y colocó los informes en orden para impartir la conferencia. Montó en el auto y avanzó despacio por la calzada, con las luces encendidas. Era una madrugada de poco tráfico. Bajó la velocidad al doblar la esquina y por azar su mirada y la del barrendero se cruzaron. Con aire de supremacía contempló al hombre solitario que recogía en una pala las jabas amontonadas en una orilla de la acera.
En aquel momento se sintió protegido dentro de su auto, y consideró que era superior porque pronto estaría detrás de un confortable buró, lejos de carritos de basura, guantes, y madrugadas continuas recorriendo distancias escoba en mano.
En el contexto actual, donde el conocimiento y la informatización se expanden y cada vez son más quienes se inclinan por el trabajo intelectual, algunos subvaloran la relevancia de los oficios manuales, de los obreros vinculados directamente con la producción y los servicios, esos cuya labor late desde las entrañas del devenir social y mueven el engranaje del desarrollo.
¿Cuántas escuelas fortalecen el contacto directo con las fábricas, centros de producción, con esos obreros que realizan proezas cotidianas? Desde el pequeño agricultor que no teme a la tierra, porque constata con sus propios ojos el despertar de las semillas, hasta el carpintero que al engarzar trozos de madera le da vida útil a su obra, son dignas profesiones que entrañan sabiduría, porque como expresara el escritor Franz Kafka, el trabajo manual lleva al hombre hacia los hombres.(Tomado periódico Girón)









