La futura Constitución de la República de Cuba reafirma el pensamiento de Fidel acerca de la importancia que poseen los delegados del Poder Popular. El Comandante en Jefe resaltaba que si nuestro propósito es mantener el apoyo del pueblo se necesita garantizar que el delegado se reciba y atienda en las unidades estatales en correspondencia con el liderazgo y respeto que merece dicha función de gobierno.
Y vale reflexionar que las próximas responsabilidades que asumirán los gobiernos municipales demandarán de un trabajo efectivo por parte de los representantes de base, con vistas a tener al día los planteamientos de la población y el actuar de las entidades y trabajadores privados que laboran en cada Consejo Popular.
Esa estrecha vinculación entre el Consejo de la Administración, Asamblea, Consejo Popular y delegados convertirá en éxito dos de los problemas más importantes: el control de los presupuestos y la respuesta a las inquietudes de los electores con la fuerza y agilidad que corresponde.
Al respecto, con su genial visión, el compañero Fidel resaltaba que la unidad del pueblo se alcanza desde la raíz, donde se labra la
confianza en la gestión del Gobierno. Nos indicó que el éxito del trabajo está en llegar a las personas, conocer los principales problemas del barrio, evaluar sus causas y ofrecerle un tratamiento diferenciado a cada circunscripción de acuerdo con sus
características.
Fidel presente con más fuerza por estos días de aires renovadores en la Carta Magna, cuando se cumplió el día 25 último, el segundo aniversario de su desaparición física, pero nunca de sus trascendentales ideas.









