A solo unos meses de haber ocurrido el triunfo de la Revolución cubana, y al ser truncados sus propósitos de continuar expoliando a los humildes por parte de los poderosos dueños de la Isla y los magnates del Norte, acostumbrados a usurpar jugosas ganancias, comenzaron los sabotajes, la infiltración de hombres y pertrechos de guerra, para promover levantamientos y actividades terroristas que frenaran y destruyeran los sanos proyectos revolucionarios.









