El cubano tiene, por naturaleza, un conjunto importante de valores y virtudes que lo caracteriza. Y aunque no es posible analizar las particularidades, se puede decir que en sentido general somos solidarios, generosos y compartidores.
Puede enumerarse una enorme lista con las cosas positivas que nos distinguen, pero de ese tema, creo que ya se ha hablado bastante…
En cambio hay caracteres que nos dintiguen, mucho menos agradables, de los cuales, casi nunca se habla en los medios de comunicación. Aprovecho este comentario entonces, y también el constante llamado que ha hecho a la prensa nuestro presidente Raúl, en aras de eliminar el secretismo, y por qué no, cambiar todo lo que deba ser cambiado.
En el poco tiempo que llevo en ejercicio de la profesión, he sido testigo en varias ocasiones de que al cubano lo distingue también la impuntualidad, la informalidad y la falta de organización. Quizás en el plano individual las personas podemos tomarnos ciertas libertades y ser flexibles, eso no está mal. Pero pienso que en el plano institucional, en las responsabilidades que como trabajadores o dirigentes nos corresponden, no es posible ceder ni un poquito.
El municipio de Colón, no queda excento de esta problemática. Como periodista he podido asistir a actos políticos y culturales, además de conmemoraciones de fechas históricas en las que no se respeta el horario establecido. Una hora, he incluso un poco más de tiempo hemos tenido que esperar los espectadores para presenciar luego espectáculos que dejan mucho que desear en cuanto a organización y disciplina.
Pienso que el rigor en lo personal y en las instituciones que muchas veces organizan eventos y actividades debe ser una prioridad. Cómo pretendemos ganar en participantes a nuestras galas, cuando quienes las organizan son los últimos en llegar.
Vivimos en un mundo agitado y complejo, donde la individualidad ocupa los principales peldaños de prioridad de cada ser humano. Pero no por eso podemos permitirnos irresponsibilidades que a fin de cuentas dañan la imagen de la sociedad cubana, no ante los ojos del mundo, sino ante los nuestros.
Llamémonos entonces a la reflexión todos los que de una forma u otra somos responsables de hacer las cosas como están planificadas, pero sobre todo, de hacerlas con seriedad.









