Para religiosos, rendirle honor a la deidad; para otros, simplemente disfrutar de las variadas ofertas, lo cierto es que la tradicional fiesta de la
Candelaria no pasa por alto en el poblado Ceiba Mocha.
Rompió el Alba y ya la calle principal se encontraba invadida por comerciantes que, con gran diversidad de productos, llamaron la atención a mayor cantidad de visitantes. Los pregones armonizaban el ambiente en conjunto con la música y justo a las diez, las campanadas de la iglesia, estremecieron el lugar para dar inicio a la misa.
Cantos, ceremonias y la prédica de Monseñor Manuel Hilario de Céspedes, conformaron el culto ofrecido por los devotos a la virgen de la Candelaria. Transcurridos los cortejos se produjo la esperada procesión por varias calles del pueblo, de creyentes y ateos por igual.
Con el transcurso del día, serán más los que se unan al homenaje, una vez culminada la jornada laboral y estudiantil; la fiesta tendrá continuidad hasta altas horas de la noche para dejar la hulla de tan esperada fecha.
Como cada 2 de febrero, padres, abuelos, tíos llevaron a los más pequeños del hogar a los festejos, para no dejar morir tan antigua tradición.









