Cada quien asume la vida a su modo, con emociones y sentimientos diversos y hasta con gran orgullo propio. Pero nunca se debe dejar atrás ese estremecimiento especial que provoca recordar el lugar donde se nace.
Tatuadas quedan por siempre las primeras andanzas, la luz del sol, el olor a café, pasan los años y queda prendido el entorno que aunque sencillo y humilde, es el sitio de origen, ese que impone fuerza cuando se multiplica la distancia.









