Nadie se explica por qué siendo tan natural, los hombres no se adaptan a la muerte y sin salida alguna solo cabe la resignación, que llega con el tiempo. Eso es lo más común cuando la naturaleza pone fin a la vida y a otros le toca seguir con ese dolor. Lo que no se puede describir es el dolor de todo un pueblo ante la pérdida de un Líder.
Impenetrables cordones humanos a ambos lados de la carretera central de Cuba, durante 9 días despidieron a un Fidel que custodiado por rosas blancas y nuevamente victorioso, libraba una dura batalla junto a su pueblo.








