Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) constituyen un serio problema a nivel mundial. En Cuba las instituciones de salud fortalecen las actividades de vigilancia y control de ellas. Pero la preocupación se acrecienta cuando el contagio ocurre durante el embarazo.
La supervisión de estas enfermedades es fundamental para mejorar la salud reproductiva de la población. La repercusión más seria tiende a ocurrir en mujeres y recién nacidos, donde los peligros varían en relación con el tipo de infección.
Las ETS intrauterinas y de transmisión perinatal pueden tener consecuencias mortales o efectos graves para el feto y la madre. Algunos de estos problemas se pueden notar al momento del nacimiento, mientras que otros no se descubren sino hasta meses o años después. La mayoría de estas dificultades pueden prevenirse si la madre recibe atención médica de rutina durante el embarazo.
Las enfermedades de transmisión sexual como la clamidia, la gonorrea, la sífilis y la vaginosis bacteriana pueden tratarse y curarse con antibióticos en forma segura durante el embarazo. Pero otras causadas por virus, como el herpes genital, las hepatitis B y C o el VIH, no se pueden curar. Sin embargo, en algunos casos se ofrece tratamiento para reducir el riesgo de infección al bebé.
Aunque mucho se puede hacer luego del contagio, es preciso evitar que ello ocurra. Y la manera más eficaz de lograrlo es la protección mediante el uso del preservativo. Del mismo modo puede ayudar en este sentido mantener una relación estable y monógama con una pareja en la que ambos tengan la seguridad de no estar infectados.
Las labores de divulgación y el debate deben comenzar por el hogar. Romper desde el núcleo familiar el cerco silencioso que en ocasiones envuelve a la sexualidad es tarea inminente. De esta forma se podrá contribuir al mantenimiento de una sociedad cada vez más saludable.









