Aunque para no pocos apicultores este año ha sido particularmente difícil ante eventos hidrometeorológicos extremos, en la provincia de Matanzas, apenas un centenar de colmeneros acaban de concretar el encargo estatal y generar valores por casi tres millones de euros, si se considera la venta de su producto al precio promedio del mercado mundial.
No es menos cierto que no pocos especialistas consideraban pura utopía alcanzar las mil 275 toneladas de miel, mas la inteligencia supo vencer la esquiva floración y hallar los lugares donde el huracán Irma permitió que apenas asomaran las campanillas y hacia allí fueron hombres y colmenas, en esa trashumancia milenaria que impone conducir las obreras a pie de obra.
Que de alguna forma los resultados ratifiquen a los apicultores matanceros como los más eficientes de la Isla podría esperarse ante una ejecutoria de alta profesionalidad y donde los secretos de la colmena se conservan y alimentan de generación en generación, con selecciones cada vez más elaboradas de abejas reinas y el descubrimiento de parajes que atesoran miel de calidad ecológica.
Como realizaciones llamativas se sitúan los más de mil 200 kilogramos de propóleos, el llamado oro ámbar; los 19 mil kilogramos de cera, así como la reproducción de abejas reinas de las que lograron 15 mil ejemplares de alta calidad genética e ideales para fomentar nuevos apiarios y apostar por productos con certificación ecológica.
Desde hace poco más de un quinquenio los colmeneros matanceros sobrepasan las mil toneladas, alentado no sólo por la cultura y el conocimiento de los secretos de la profesión, ya que algunos le llaman así; sino porque también con la puesta en marcha de resortes económicos interesantes, para no pocos; la molesta picadura del insecto es hoy mucho más soportable y hasta beneficiosa. (José Miguel Solís Díaz–Radio Rebelde)









