Al bajar el puente de Tirry, en la ciudad de Matanzas, surge en las márgenes del río una cara conocida hecha de piedra. El Che, hijo del pueblo cubano, tiene ahí su hogar en la Atenas de Cuba y sorprende a todos con su mirada vigilante.
Sin embargo, esta no es su única presencia en tierras matanceras, pues resultan muchas las empresas de la provincia que guardan entre sus tesoros los recuerdos de su visita.
UN MARCADO INTERÉS
Hasta donde han podido demostrar los investigadore, el héroe de Santa Clara llegó a Matanzas por primera vez el 2 de enero de 1959, en su paso de Villa Clara a La Habana. A pesar de la brevedad de la ocasión se detuvo tanto en Coliseo, para abastecerse de combustible, como en el Parque de la Libertad, en busca de un teléfono para llamar a Camilo. Esto no impidió que un fotógrafo anónimo captara con su lente dos instantáneas del momento.
“Ya en la Revolución, vuelve el 8 de mayo de 1959 en un intercambio en el Morrillo con motivo del aniversario de la muerte de Antonio Guiteras, de cuyo discurso no se conserva copia, aunque sí varias fotos”, comenta Alberto G. Espino Febles, investigador matancero del tema.
El año 1961 marca un punto de giro en estos intercambios aislados a raíz de su nombramiento como Ministro de Industrias. A partir de este momento, y especialmente tras la creación de la Granja Ciro Redondo en Jovellanos, el comandante de la Columna 8 comienza a recorrer el territorio con insistencia.
“De todas las provincias del país, probablemente la más visitada en funciones de trabajo fue la nuestra. Salvo uno o dos municipios, estuvo prácticamente en todas las industrias y minindustrias que tenía Matanzas, tales como la de calzado, de cubos, la Rayonitro; también las fábricas de galletas y de refrescos, así como una tenería de la ciudad y los astilleros de Cárdenas.
“Él visitó todo lo que tenía que ver con su ministerio, incluso escuelas vinculadas, llegando en ocasiones a estar durante toda una semana”, continúa el también autor del libro Che por tierras matanceras.
NO ME TOCA
Tantos ir y venir generaron un número incontable de anécdotas y vivencias, que no cabrían en un libro, y que demuestran la personalidad y altura del Che.
“Una de las menos conocidas aconteció durante una de sus estancias en la granja donde lo invitan a comer y el plato fuerte consistía en bistec de res. En aquel entonces se racionalizaba el consumo de carne de res a una vez cada 9 días producto de la situación del país, por lo que el ministro le pregunta a su secretario cuánto hacia que no había comido carne vacuna. Al este responderle que hacía tres o cuatro días, su respuesta fue tajante: No me lo puedo comer, no me toca.
“Así, como las piedras de su mural, era su personalidad. Fuerte consigo mismo como dijera Armando Hart, exigente como lo vieron los que le estrecharon la mano y se sorprendieron por el tamaño de este hombre fuera de serie, que rechazaba guataquería y entregaba todo su ser sin pedir nada a cambio”, comenta jocoso el entrevistado.
PROYECTOS
En medio de una agenda tan compleja, Ernesto Guevara encontró tiempo para desarrollar en el territorio tres planes innovadores, únicos en el país.
“Su primer proyecto matancero consistió en la creación de la Granja Ciro Redondo en enero del 62 para impulsar la agricultura, que luego se convertiría en un sitio recurrente. También en Jovellanos, estableció como iniciativa un plan vacacional en San Miguel de los Baños, donde trabajadores de la industria de todo el país y sus familiares podían descansar.
“El tercer proyecto consistió en una investigación sobre la cantidad y calidad de la turba en la Ciénaga de Zapata .Dicho estudio, realizado por soviéticos durante más de un año, contó con su presencia hasta su culminación”.
Lo cierto es que hoy en día su figura descomunal vive desde la historia del desarrollo matancero que él ayudó a formar, y sus pasos aún resuenan en sus industrias, en la mente de los trabajadores y del pueblo que dice con orgullo: Aquí estuvo el Che. (Fotos: Cortesía de Alberto G. Espino Febles)









