Emilia Pérez Rodríguez derrocha instinto maternal. Se desborda cada día en su labor, y las madres que asisten al círculo Estrellitas Rojas de Peñas Altas, sienten seguridad al dejar en sus manos a sus pequeños. Ella es una de las primeras graduadas de la antigua Escuela Formadora de Círculos Infantiles, y desde hace 37 años dedica sus días laborar en este tipo de centros.
“Desde pequeña adoraba atender a mis primas. Recuerdo que cuando llegaban a la casa se convertía en toda una fiesta, las peinaba y las cuidaba todo el día, aun cuando yo era mucho mayor que ellas. Fue mi madre quien descubrió en mí esa disposición por los niños y me sugirió estudiar algo relacionado con ello. Cursaba el octavo grado cuando llegó la convocatoria para educadora de círculo infantil, esta era la primera vez que ocurría tal llamado. Casi sin pensarlo me incorporé y ha sido la mejor decisión de mi vida.
“En la escuela aprendí la teoría, la practica habitaba en mí. Nos enseñaron educación musical, a conformar juguetes, la metodología con el fin de imbuirlos en el mundo del saber. Y creo que sí es importante la preparación y la auto superación, más no debe faltarle a una educadora la devoción por su profesión, la dedicación, la verdadera vocación.
“A mis manos llegan muy pequeños, se ven indefensos e inocentes. Es mi tarea cuidarlos, enseñarlos y hasta mimarlos. Me satisface participar en su crecimiento, en el desarrollo de su lenguaje. Debo trazar estrategias a diario ya que se aburren rápido y se cansan fácilmente.
“A veces se torna difícil porque la hiperactividad es grande. Los chicos son incansables, quieren jugar todo el tiempo. Contamos con un arsenal de juegos que nacen desde nuestra creatividad con tal de complacerlos. En todo le inculcamos algo de sapiencia, de conocimientos y ellos asumen dócilmente. No hay niños malos, todos son muy buenos, unos más tranquilos, otros inquietos, apegados, en fin.
“Mis mañanas son lindas, despierto con la certeza de que seré útil y soy feliz. Cuando los cojo en mis maños, veo el rostro de mis hijos. Y casi que en hijos se me convierten con el tiempo.
Hace unos meses iba caminando cuando una muchacha me llamó: ¡Seño Emilia! Apenas la reconocí, su fisionomía había cambiado muchísimo, pero yo permanecía en su memoria. Ella vive fuera del país ahora, sin embargo, conserva recuerdos nítidos de su estancia en la Isla.
“Historias inundan mi mente, los lazos que se crean entre seño y niño resultan muy fuertes. Tan es así que todavía asisto a las presentaciones del proyecto Maravillas de la Infancia donde bailan unas pequeñas que cuidé hace años. Se me ilumina el rostro cuando salen a escena, y me digo: yo hice mi aporte en estas artistas. Ah, y lo contentas que se ponen cuando me divisan en el público.
“Ya ves, esta es la gratificación por dedicar mi vida a los niños. El amor que me brindan, único, libre de hipocresía y lleno de beldades.”
Emilia es una de las tantas educadoras que le inspiran a seguridad y le ofrecen consuelos a los padres trabajadores. Con su accionar diario fortalecen el sistema educacional cubano y colaboran en el proceso educativo. A todos los trabajadores de estos centros lleguen nuestras felicitaciones y el agradecimiento eterno. (Por: Y









