El secreto de José Ariel

Desde hace 15 años José Ariel García labora en la finca El Palmar, la cual pertenece a la Unidad Agropecuaria de la Empresa de Construcción y Montaje de Matanzas. Su seriedad ante el trabajo le granjeó la consideración y respeto de todos los trabajadores del lugar

Cada jornada, José Ariel García dedica más de la mitad de las 24 horas que tiene el día a la finca donde labora desde hace 15 años. Llega con los primeros claros de la mañana, y su recorrido comienza por las naves de gallinas ponedoras; luego echa una mirada a la nave de los carneros. Durante el trayecto se detiene unos instantes en un espacio de tierra cultivado de boniato. Un poco más allá se encuentran las cochiqueras, allí permanecerá un tiempo prolongado.

Disfruta observar a las puercas reproductoras amamantando a sus crías. Casualmente esta mañana su inspección matutina coincide con un alumbramiento imprevisto, a veces las madres en gestación se adelantan a la fecha señalada.

Rápidamente penetra en el corral y cuenta a los cerditos recién nacidos. Mientras los examina toma un pedazo de tela esterilizado para quitarles los restos de sangre y placenta. “Once en total, buen parto”, dice.

A los 45 días se destetarán para enviarlos a otra finca encargada de la ceba de estos animales.

José Dariel conoce cada detalle de la cría de cerdos. Cuando llegó a la finca El Palmar comenzó a trabajar como custodio y al poco tiempo lo ubicaron en las cochiqueras donde pasó casi ocho años.

Su seriedad ante el trabajo le granjeó la consideración y respeto de todos los trabajadores del lugar. Por eso a nadie extrañó que un buen día lo designaron administrador.

Bien pudiera pasar sus días sentado en una de las oficinas de El Palmar, y dirigir los procesos y tareas desde la distancia. Mas para José Ariel eso resulta casi imposible, le gusta trabajar a pie de surco y con los animales aunque el sol azote. Prefiere hacer, más que decir, por tal motivo no lo piensa dos veces para tomar una manguera y limpiar los corrales o asistir el parto de una puerca.

Además, ha comprobado que cuando él va la vanguardia en cada tarea, sus trabajadores le siguen con convencimiento y comprometimiento total.

CIENCIA Y DIVERSIFICACIÓN

La finca El Palmar tiene como objeto social autoabastecer a la Empresa de Construcción y Montaje de Matanzas. Unida a su similar El Mogote, ubicada en Limonar, son las encargadas de producir alimentos para los más de 2000 constructores con que cuenta la empresa.

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De ahí que José Ariel se ha dado a la tarea de diversificar las producciones de su finca. Junto al módulo pecuario integrado por ganado cunícola, bovino, caprino y un número considerable de gallinas ponedoras, han incrementado las áreas de cultivos varios.

Pero para producir se necesita más que voluntad. Gracias al apoyo incondicional de la dirección de la Unidad Agropecuaria, buscaron el apoyo de un centro científico de vasta trayectoria en la producción de viandas y hortalizas. No bastaba con producir, sino hacerlo bien.

Fue entonces que llegó el asesoramiento de los científicos del Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT), y con estos, términos y procedimientos desconocidos hasta ese entonces.

En la finca El Palmar comenzó a escucharse palabras hasta ese momento quizás desconocidas por los 25 trabajadores de la unidad: mejoramiento genético, clones, adaptabilidad, semillas certificadas…

Era tanta la información que la resistencia al cambio comenzó a hacerse evidente; la pericia de los científicos del INIVIT consiste en no imponer métodos, más bien demostrar con resultados.

La visita de José Ariel a los predios de la institución científica para constatar in situ la calidad de las producciones y cultivos, bastó para introducir las mejoras tecnológicas en su finca.

Comenzaron con la introducción de diversas variedades de boniato, destacando su resistencia a las plagas y adaptabilidad a los prolongados periodos de sequía. Al boniato le siguió la yuca, la malanga, el pepino, la calabaza, siempre acompañados de un paquete tecnológico orientando qué hacer durante las diversas fases de los cultivos.

Los resultados fueron de tal impacto que decidieron extender la zona cultivable. Comenzaron a sembrar un potrero de varias caballerías donde en menos de tres meses se observa un campo diversificado con yuca, malanga, maíz, girasol y ajonjolí.

El asesoramiento fue más allá. José Ariel hoy utiliza los residuos de cosechas para alimento animal.

La finca El Palmar está llamada a convertirse en un referente de la producción de alimentos en la provincia, y aunque cause asombro pertenece a una empresa de la construcción, no del sistema de la agricultura. Pero el apego a la ciencia, y la voluntad determinante hace parir la tierra, mucho más cuando va signado por el ejemplo y sacrifico de hombre como José Ariel.

De ahí que José Ariel se ha dado a la tarea de diversificar las producciones de su finca. Junto al módulo pecuario integrado por ganado cunícola, bovino, caprino y un número considerable de gallinas ponedoras, han incrementado las áreas de cultivos varios.

Pero para producir se necesita más que voluntad. Gracias al apoyo incondicional de la dirección de la Unidad Agropecuaria, buscaron el apoyo de un centro científico de vasta trayectoria en la producción de viandas y hortalizas. No bastaba con producir, sino hacerlo bien.

Fue entonces que llegó el asesoramiento de los científicos del Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT), y con estos, términos y procedimientos desconocidos hasta ese entonces.

En la finca El Palmar comenzó a escucharse palabras hasta ese momento quizás desconocidas por los 25 trabajadores de la unidad: mejoramiento genético, clones, adaptabilidad, semillas certificadas…

Era tanta la información que la resistencia al cambio comenzó a hacerse evidente; la pericia de los científicos del INIVIT consiste en no imponer métodos, más bien demostrar con resultados.

La visita de José Ariel a los predios de la institución científica para constatar in situ la calidad de las producciones y cultivos, bastó para introducir las mejoras tecnológicas en su finca.

Comenzaron con la introducción de diversas variedades de boniato, destacando su resistencia a las plagas y adaptabilidad a los prolongados periodos de sequía. Al boniato le siguió la yuca, la malanga, el pepino, la calabaza, siempre acompañados de un paquete tecnológico orientando qué hacer durante las diversas fases de los cultivos.

Los resultados fueron de tal impacto que decidieron extender la zona cultivable. Comenzaron a sembrar un potrero de varias caballerías donde en menos de tres meses se observa un campo diversificado con yuca, malanga, maíz, girasol y ajonjolí.

El asesoramiento fue más allá. José Ariel hoy utiliza los residuos de cosechas para alimento animal.

La finca El Palmar está llamada a convertirse en un referente de la producción de alimentos en la provincia, y aunque cause asombro pertenece a una empresa de la construcción, no del sistema de la agricultura. Pero el apego a la ciencia, y la voluntad determinante hace parir la tierra, mucho más cuando va signado por el ejemplo y sacrifico de hombre como José Ariel.

Por Arnaldo Mirabal (TV Yumurí)

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