El padre colectivo de los cubanos

El viernes 25 de noviembre me acosté temprano, por eso la noticia me la dio mi esposo en la madrugada, cuando regresaba de comprar la leche. Entonces un salto me hizo sentar en la cama. Una mezcla de incertidumbre y posible realidad me atrapó y me recosté en la almohada. De mis ojos salieron dos gotas que demoraron en deslizarse.

Son de esas noticias que una quisiera  no fueran ciertas, pero la realidad es mucho más que nuestro deseo. Partió Fidel otro 25 de noviembre, pero no al mar como hace sesenta años, sino hacia el recuerdo, hacia la memoria de muchos corazones.

Ahora queda la sensación de que algo nuestro ha sido quitado.  De saber que siempre está ahí, detrás de la espera de cualquier discurso,  de una  orden por cumplir, de una esperanza por decir. ¡Qué sensación más extraña la de saber  que nos quedamos sin el padre colectivo… ¡ Pero el imperativo de seguir adelante se traduce en el reto de continuar unidos, porque a fin de cuentas, los cubanos todos somos hermanos.

Parte el hombre que nunca fue de él, sino de Cuba. Quien se preocupó como pocos del futuro de la especie humana y de este planeta amenazado por  la guerra. Parte un amigo de todos, aunque muchos no hayan podido verle, intercambiar con él, o abrazarle.

Ya no está con nosotros el líder que parecido a Moisés hizo pasar a su pueblo por el Mar Rojo y lograr la victoria, el presidente ilustre, el hermano, el amigo, el guía de todos los cubanos.

Por Damaris Zamora Escanell , periodista de Visión Tunera

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *