El central es mi mundo

Cierta melancolía invade los ojos claros de Manuel Merino Amador cuando recuerda vivencias de antaño: el menor de cinco hermanos, hijo de inmigrante español proveniente de Lugo, en Galicia, que tomaba guarapo en un jarro de aluminio, directo del central, pues vivía solo a 500 metros de allí…

“Yo tenía siete u ocho años y ya mi padre era jefe de Vías y Obras de Porfuerza (antiguo nombre del Jesús Rabí); un gran trabajador, de los primeros Cincuentenarios del Azúcar. Así que desde niño este ha sido mi mundo”.

Como una línea recta, ascendente, podría definirse la vida laboral y personal de Merino, un hombre de palabras precisas y demasiadas proezas. Tal vez, la más notoria no ha sido precisamente que en mayo último Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, haya prendido en su pecho el título honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, sino permanecer en el mismo ingenio 53 años, la mitad de ellos en la vanguardia del movimiento obrero, evidente transmisión genética de de aquel laborioso “gallego” oriundo de Lugo.

“Primero me inicié como auxiliar de producción, luego soldador y más tarde me gradué de técnico medio en maquinaria azucarera, en el primer curso impartido en el España Republicana. Ahora me desempeño como Operador A de máquinas- herramienta, en el taller de maquinado de la Unidad Empresarial de Base Jesús Rabí, de Calimete”.

Pero a Merino no solo le bastaba soldar hierros; o desempatarlos a fuerza de antorcha y martillo. Mediante el rudo oficio, en la década de los 70, se introduce en el mundo de los innovadores y racionalizadores, movimiento del cual es fundador. Po eso no olvida, entre tantas condecoraciones importantes, citar el sello 8 de Octubre otorgado por la Anir.

“Presenté un sinnúmero de trabajos en los Fórum de Ciencia y Técnica, que resolvían problemas sociales en escuelas, unidades de Comercio y Gastronomía y en la Aclifim, con la reparación de sillones ruedas de los discapacitados”.

Sin embargo, su filantrópica obra se interrumpió momentáneamente. Entre 1977 y 1979 cumplió misión internacionalista en la República Popular de Angola. La arriesgada tarea de combatir a bandidos en Cuando Cubango, Menongue…, muchas veces en condiciones extremas, sin alimentos ni luz eléctrica, le hacen merecer la medalla de Combatiente Internacionalista de Primera Clase.

Mas, con el decurso, su hoja de servicios ha seguido acumulando méritos: jefe de brigada durante 22 años en el Rabí, presidente del Buró de la Anir en el central dos décadas, delegado del Poder Popular entre 1982 y 1988, diputado al Parlamento, vanguardia nacional de Vigilancia de los CDR, entre otros altos estímulos.

“Ser Héroe del Trabajo significa más compromiso, continuar aportando todos los días a nuestra obra; significa también orgullo y honor”.(Tomado periódico Girón)

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