Amanece. Como cualquier día de la semana desfilan por las calles de Colón cientos de estudiantes camino a sus escuelas. Alegres, sonrientes y a veces preocupados por sus deberes, marchan juntos hacia los centros de las diferentes enseñanzas.
Un arcoiris de pelados y peinados reluce en sus cabezas. Los menos conocedores del tema, no sabemos si se trata del yonki o del baroteli, si son mikis o repa, o qué nombre utilizan para definir las nuevas vertientes de la moda.
Los pantalones apretados en los chicos, y en las muchachas las zayas algo cortas. Un festival de aretes y pircigs que sorprende a los más adultos, al tiempo que exhorta a los pequeños a imitarles.
Me cuestiono entonces, si los jóvenes de hoy van a la escuela con el objetivo de aprender o afanados por hacer galas de un glamour auténtico y variado.
El reglamento escolar es bastante claro y exigente en cuanto al uso correcto del uniforme. Pero, ¿conocen los estudiantes lo que está estipulado? ¿Es suficiente el tiempo que le dedican los profesores al tema? Ningún esfuerzo está de más y las estrategias formativas deben ser estrictas en el cumplimiento de las normas.
Sin embargo, considero que el problema va más allá de los límites institucionales. La familia, como eslabón esencial de la sociedad cubana, no puede desatender la formación de los adolescentes.
En esta difícil etapa de la vida deben primar la comunicación y el entendimiento dentro del hogar. El respeto, la disciplina y valores como la responsabilidad, constituyen la clave del éxito en el logro de una perfecta comunión entre escuela y familia.
La manera en que vestimos dice muchas veces quienes somos. Entonces es innegable la pérdida de importantes valores. El buen gusto al vestir, y el hacerlo según la ocasión y el lugar, han dejado de cultivarse en nuestro pueblo.
Los maestros no pueden perder de vista cuáles son sus responsabilidades. Los padres además, tienen el importante deber de contribuir a la educación de sus hijos y potenciar en ellos virtudes, de forma tal que nadie pueda afirmar mañana que “esta juventud está perdida”.









