Cuando las niñas pierden la dulzura

La sexualización de las niñas es un problema latente en todo el globo, y Cuba no escapa a sus efectos. Es un fenómeno que se ha vuelto tan común como el hambre o la contaminación. El error está exactamente ahí, en creer que es un proceso natural, de tendencias actuales y modernas.

Una crítica oportuna vale tanto como decisiones acertadas. Esta nueva y peligrosa moda pretende transformar a las niñas en miniadultas sexualmente exitantes. A nivel mundial, este puede ser una de los factores de riesgo que inciden lamentablemente en la proliferación de abusos sexuales y la pornografía infantil.

Por otro lado, la industria de la moda y del entretenimiento se están aprovechando de la situación para vender todo tipo de artículos. En ese sentido, podremos descubrir como las grandes figuras del arte, de la música o el cine actual sirven a este cometido.

 

Por ejemplo, la joven actriz Millie Bobby Brown, quien entre los nueve y trece años fue protagonista de la famosa serie Stranger Things, producida por una de las mayores empresas comerciales de entretenimiento, Netflix, debutó en sociedad al aparecer en las portadas de miles de revistas adolescentes con poses no adecuadas para su corta edad.

Y como si no fuera suficiente, fue catalogada como una de las actrices más sexys del año. Lo peor fue cómo aquellas revistas para adultos anunciaban que una niña de 13 años estaba en un top de famosos sexys, como si fuera un suceso normal.

La ex adorable Hannah Montana, interpretada por la cantante Miley Cyrus, hace unos años decidió cambiar totalmente su imagen mediante una sección de fotos sensuales para la revista Vanity Fair, las cuales, en su momento, resultaron escandalosas porque en una de las imágenes posaba con su padre de una forma sugerente.

Cyrus no solo se presentó así como la nueva Miley, sino que más tarde su imagen, sus videos y su música, comenzaron a centrarse en el sexo, al punto que apareció aquel boom en los medios que fue Wreeking Ball, donde la joven cantaba desnuda mientras se balanceaba sobre una bola de demolición.

La famosa cantante Katty Perry, en su video California Gurls, inspirado en mundos de dulces soñado por nuestros niños, tiene escenas donde aparece desnuda, frotándose con algodón de azúcar, y otras en las que dispara crema batida desde sus pechos de panquesitos. Parece normal, pero no lo es.

Y hablando de escenas vulgares, cómo no mencionar el nuevo género musical trap, que ha pasado de lo vulgar del reggaetón a lo completamente sexual. Con música como esta conviven los niños, la bailan, la cantan y se hace nada, o poco, para impedirlo.
Por Chavelys Téllez Castañer, estudiante de Periodismo(Girón)

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