Ante los grandes cambios es imposible permanecer indiferente. Uno se sumerge en la cuestión -a veces hay que nadar hasta el fondo- ya sea para disentir o estar de acuerdo.
Y vienen importantes cambios, como se puede comprobar con un simple vistazo al Proyecto de Constitución de la República de Cuba, recientemente aprobado en la Asamblea Nacional del Poder Popular, y que es sometido a consulta de las masas entre el 13 de agosto último y el 15 de noviembre venidero.
El tabloide circula ya de mano en mano por todos los rincones de la Isla, desde las intrincadas comunidades entre las montañas del Oriente, hasta los no menos remotos asentamientos de la Ciénaga de Zapata, y su lectura no hace más que avivar la llama del debate: esa es la idea.
Seguros de hacer uso de un derecho bien ganado los cubanos leen y preguntan y “sin pelos en la lengua” intercambian impresiones a veces a todo volumen, porque no hay miedo de opinar y, ya se sabe, somos por naturaleza extrovertidos, también cuando se trata de política.
Soy de esos que lamentó perderse buena parte de los debates –televisados- en el Parlamento, porque me lo impidió a veces el trabajo, siempre la premura de la vida cotidiana, pero por lo que vi se habló a “camisa quitada” de temas ligados a la propia esencia de nuestra identidad como nación, a su supervivencia.
Todo el proceso me parece una demostración de coraje talla extra, porque mis ojos ven a un país valiente, el mío, que no teme ajustar su brújula para llegar al destino fijado.
Me enorgullece especialmente un detalle, un hecho por demás inédito en la historia revolucionaria: todos los cubanos, los de adentro y los de afuera –suman un millón 400 mil en más de 120 países- podrán tomar parte en el debate del Proyecto de Constitución, al transmitir sus opiniones online. ¡Enhorabuena!
El esbozo de lo que será la nueva Carta Magna mantiene los principios de justicia social y humanistas que caracterizan el sistema político cubano pero, entre otras transformaciones, legitima la coexistencia de propiedad estatal y privada, concede más autonomía a los gobiernos locales, multiplica vías para la participación del pueblo, define de una forma más inclusiva el matrimonio…
Ojalá nos sorprenda el día de la consulta popular con los tabloides marcados por las muchas anotaciones y señalamientos, arrugados por el constante roce de las manos lectura tras lectura: así estaremos listos para ejercer el derecho incuestionable a opinar sobre nuestra nueva Ley de Leyes, una más parecida a este tiempo.









