Hierve mi sangre al pronunciar tu nombre Comandante, sudan mis manos, tiembla mi pecho. Siento que recorren mis venas tus vibrantes palabras, que llegan a mi corazón y lo retuercen de verdades.
Es cierto que naciste con un lucero en la frente, o mejor, con el firmamento alumbrando tus pasos. La imagen capturada por el lente de Korda interrumpe mis sueños y convierte el insomnio el poesía.
Recuerdo cada palabra de tu carta a Fidel, el latido de los corazones escuchando de sus labios tu despedida. Entonces te evoco, imagino a esos cobardes que trataron de silenciar tus ideas, pero que en lugar de eso inmortalizaron al luchador que fuiste, al revolucionario, al hombre en toda la noble y viril extensión de la palabra.
No dejes de llegar a mi vida y sobresaltarme, de desnudar los sentimientos que escondo y dibujar en mi mente la Cuba que soñaste, esa por la que luchaste y que gracias a ti es más libre.
No te fuiste aquel octubre Comandante, naces todos los días en millones de soñadores que como tú, critican menos y construyen más.









