Crimen de Barbados: En el corazón del pueblo de Colón

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El dolor y el luto llenan el corazón del pueblo de Colón al recordar aquel seis de octubre de 1976, en el que perdieron la vida 73 personas, fue un crimen de los tantos alimentados por el odio del gobierno de Estados Unidos contra Cuba.

Frente al  monumento que perpetúa la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado, situado en la Calle Mario Muñoz esquina Gonzalo de Quezada  en la ciudad de Colón,  se reunieron  este sábado 6 de octubre, deportistas, trabajadores, estudiantes, cederistas, federadas y vecinos de la comunidad para rendir tributo a las víctimas del crimen de Barbados, repudiar los hechos terroristas que se cometen en todo el mundo,  reafirmar el respaldo del pueblo de Cuba a la revolución y exigir enérgicamente el fin del bloqueo.

Las aguas acogieron en su manto a esos campeones de la esgrima, a esos sueños jóvenes que quedaron truncados por mercenarios, apátridas que fueron absueltos por la muerte, sin pagar tanta desidia.Historia del suceso.
El 6 de octubre de 1976, el vuelo CU-455 de Cubana de Aviación partió desde Guyana hacia la capital cubana de La Habana, vía las islas de Trinidad, Barbados y Jamaica.
El avión no logró llegar ni siquiera a Kingston, ya que a las 17:24, sólo nueve minutos después de haber despegado desde el Aeropuerto de Seawell y a unos 18.000 pies de altura, explotó una bomba que estaba escondida en el baño trasero.
El capitán de ese vuelo, el piloto Wilfredo Pérez Pérez, emitió por radio el siguiente mensaje a la torre de control: «!Tenemos una explosión a bordo, estamos descendiendo inmediatamente!… ¡Tenemos fuego a bordo! ¡Solicitamos aterrizar de inmediato! ¡Tenemos una emergencia total!».

La aeronave inició un descenso rápido, mientras ambos pilotos trataban infructuosamente de llevar la aeronave de regreso al Aeropuerto de Seawell. Una segunda bomba explotó en el lapso de los siguientes minutos, contribuyendo definitivamente a que el avión se estrellase.
Como realizar un aterrizaje de emergencia ya no era posible, parece que el capitán decidió enfilar la aeronave hacia el Océano Atlántico, salvando eventualmente las vidas de los turistas que se encontraban en las playas cercanas. El avión finalmente se estrelló a unos 8 km del aeropuerto.
Las 73 personas a bordo murieron (48 pasajeros y 25 miembros de la tripulación). Según su desglose por nacionalidades, se trató de 57 cubanos, 11 guyanenses y 5 norcoreanos.

Entre los fallecidos se encontraban los 24 miembros del equipo nacional juvenil de esgrima cubano, quienes regresaban a Cuba luego de haber ganado todas las medallas de oro en el Campeonato Centromericano y del Caribe; varios de ellos no llegaban ni siquiera a los 20 años de edad.

Algunos funcionarios cubanos también se encontraban en el avión: Manuel Permuy Hernández, entonces director del Partido Comunista del Instituto Nacional de Deportes (INDER), Jorge de la Nuez Suárez, secretario del PCC para la flota pesquera de camarones Alfonso González, comisionado nacional de deportes con armas de fuego y Domingo Chacón Coello, agente del Ministerio del Interior.

Por su parte, los 11 pasajeros de Guyana incluían a estudiantes de medicina de sólo 18 y 19 años de edad, además de la joven esposa de un diplomático de ese país sudamericano. Por su parte, los cinco norcoreanos eran funcionarios del gobierno de Kim Il Sung, además de un camarógrafo.

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