Cuando escuché la noticia de que gran parte de Puerto Rico aún vive sin energía eléctrica, a más de un año del paso del huracán María, mis ojos parecían salirse de sus órbitas e inmóvil, como en shock, pensé en los puertorriqueños afectados, y no pude evitar pensar también en mí.
¿Cómo podrán vivir sin carga en el celular, sin televisión, sin ventiladores o aires acondicionados, sin suficiente iluminación en las noches, sin agua fría? ¿Cómo cocinarán los alimentos? En fin, en solo segundos formulé miles de preguntas, y relacioné las realidades hasta concluir que somos dichosos.









