Apenas restan 11 años para el cumplimiento de las metas previstas en la Agenda 2030 de la ONU y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre ellos el 1 y 2, dirigidos a erradicar la pobreza y lograr hambre cero, ambos interconectados con el resto de las metas del llamado mundial para proteger al planeta, asegurar paz y prosperidad a sus habitantes.
Al menos unas 113 millones de personas en 53 países experimentaron inseguridad alimentaria aguda en 2018, según el último informe de la Red mundial contra las crisis alimentarias, presentado por la Unión Europea, la FAO y el Programa Mundial de Alimentos.
El propio documento reportó que otras 143 millones de personas en 42 naciones están solamente a un paso de enfrentarse a esa fase tres o superior del hambre y todas necesitan ‘asistencia urgente de alimentos, nutrición y medios de vida’.
Atajar ese y otros inhumanos descalabros están entre los propósitos del Decenio, dedicado a quienes más pueden aportar y también beneficiarse de un esfuerzo mancomunado mundial, encomendado por la AG a los organismos de ONU para la Alimentación y la Agricultura y al Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), con el apoyo de otros organismos.
Según esas agencias, más del 90 por ciento de los 600 millones de explotaciones agrícolas del mundo están administradas por un individuo o una familia, sobre los cuales descansa la seguridad alimentaria mundial actual y futura.
La definición de la FAO sobre agricultura familiar como una forma de organizar la producción agrícola, forestal, pesquera, ganadera y acuícola gestionada y administrada por ese núcleo poblacional que comprende tanto mujeres como hombres, explica el alcance que puede tener el apoyo intensivo a su desarrollo.
En siete pilares se sustenta el plan de acción mundial el cual recomienda ‘una serie de medidas interconectadas’, de alcance local y mundial.
Toda acción en torno al Dnuaf, indica, debe tener en cuenta la ‘diversidad de los agricultores familiares’ y ‘específicas para cada contexto, adaptadas a las condiciones locales, regionales y nacionales de índole sociocultural y socioeconómica’.
Además precisa que las intervenciones ‘deben dar protagonismo a los agricultores familiares e implementarse mediante procesos participativos e inclusivos de abajo a arriba’.
Como primer soporte de acción el plan refiere crear un entorno político, social y económico propicio basado en compromisos de actores relevantes, que quiere decir existencia de recursos adecuados, gobernanza y acuerdos institucionales eficaces e inclusivos.
Incluye apoyar a los jóvenes y asegurar la sostenibilidad generacional de la agricultura familiar; promover la equidad de género y el papel de liderazgo de las mujeres sin espacio, y fortalecer las organizaciones de los agricultores familiares y su capacidad para generar conocimiento, representar a sus miembros y prestar servicios inclusivos urbano-rural.
También prevé mejorar la inclusión socioeconómica, la resiliencia y el bienestar de los agricultores familiares, de los hogares y comunidades rurales; promover la sostenibilidad para conseguir sistemas alimentarios resilientes al cambio climático.
El séptimo y último pilar insta a ‘fortalecer la multidimensionalidad de la agricultura familiar’ para lograr innovaciones sociales favorables al desarrollo territorial y a sistemas alimentarios protectores de la biodiversidad, el medio ambiente y la cultura.
La agenda común de carácter nacional, regional y global está dirigida a sumar empeño y establecer alianzas entre gobiernos, organizaciones agrarias, asociaciones rurales, cooperativas y centros de investigación.
La resolución de ONU sobre el Decenio está sustentada en el éxito de la celebración en 2014 del Año Internacional de la Agricultura Familiar y se imbrica con el decenio en marcha Acción sobre Nutrición (2016-2025), enmarcado en el ODS 2 y en la Declaración de Roma sobre la Nutrición (2014) para garantizar el derecho fundamental a una alimentación adecuada.
Al impulso del Dnuaf contribuyeron el Foro Rural Mundial, la FAO, el FIDA y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con el apoyo de más de 300 organizaciones, en particular la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), la Reunión Especializada en Agricultura Familiar, entre otros.
El reto principal en su avance está en el compromiso de los gobiernos en apoyar a esos grupos poblacionales con políticas a favor del acceso a la tierra, agua, energía, infraestructura y servicios necesarios para fortalecer su producción, gestión y organización.









