La administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ratificó en 2017 su inclinación por el uso del poderío bélico y la amenaza de su empleo, como elementos centrales de la política de seguridad nacional.

 

Encuestas recientes revelan que más del 60 por ciento de los ciudadanos norteamericanos piensa que su país pudiera involucrarse en una guerra de grandes proporciones en los próximos años, teniendo en cuenta las proyecciones del jefe de la Casa Blanca en la arena internacional.

El despliegue de agrupaciones bélicas en países de Europa del Este, con el pretexto del supuesto peligro de Rusia, y los planes de restablecer la guardia ininterrumpida de bombarderos estratégicos dotados con armas nucleares en diferentes partes del mundo, constituyen apenas dos ejemplos elocuentes.

Entre otras evidencias está además la decisión expresa de Trump de destruir a la República Popular Democrática de Corea (RPDC) si esta sigue adelante con las pruebas nucleares y el desarrollo de misiles balísticos.

Según Pyongyang, su programa bélico tiene objetivos defensivos frente a la agresividad de Washington y sus aliados en la región, en particular ante los grandes ejercicios que estos llevan a cabo como ensayos de agresión contra el territorio norcoreano.

Las maniobras más recientes en las cercanías de la RPDC fueron las Vigilant Ace en Corea del Sur, realizadas del 4 al 8 de diciembre de 2017, en las que participaron unos 12 mil efectivos y 230 aviones militares norteamericanos.

Estos entrenamientos, los mayores realizados en los últimos años, incluyeron prácticas de bombardeos simulados contra maquetas de instalaciones nucleares y de misiles de Pyongyang.

En ese contexto, el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, H.R. McMaster, dijo que cada día se incrementan las posibilidadesde una guerra entre Estados Unidos y esa nación asiática, al referirse al reciente lanzamiento de un cohete balístico Hwasong-15 por parte del ejército norcoreano.

A principios de noviembre, Estados Unidos desplegó por primera vez en 10 años tres grupos de ataque de portaaviones al unísono en el océano Pacífico occidental: el Nimitz (CVN-68), el Theodore Roosevelt (CVN-71), y Ronald Reagan (CVN-76), con sus buques escoltas.

Desde marzo de este año, la ubicación en Surcorea del controversial sistema anticoheteril de gran altura (Thaad) estadounidense y la realización de prácticas aeronavales en ese teatro de operaciones, agravaron la ya tensa situación.

La puesta en servicio de estos medios provocó fuertes protestas de los gobiernos de la RPDC, China y Rusia, que los perciben como una amenaza a sus respectivos intereses de seguridad nacional.

Otra prueba de la tendencia al uso de la fuerza fue el lanzamiento de 59 cohetes crucero por buques de la Marina estadounidense el 7 de abril de 2017 desde el mar Mediterráneo contra la base aérea siria de Shayrat.

La Casa Blanca aseguró que la incursión fue en respuesta a un supuesto bombardeo del ejército de esa nación árabe con armas químicas, acusación que rechazaron las autoridades de Damasco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *